Hay quienes hablan de océanos sin haberlos navegado, de montañas sin haberlas escalado. Quienes ofrecen refugio sin haber sentido el frío. Se puede dar esperanza sin haberla vivido, como un mapa de alguien que nunca llegó a su destino. También se puede sembrar valor en otros sin haber enfrentado el miedo. Somos recipientes de vacíos, de lo que damos sin haber tenido. Y, a pesar de todo, seguimos entregando, como si dar nos devolviera algo que no sabíamos que nos faltaba. Quizás ahí está la clave: en lo que ofrecemos sin haberlo vivido, en lo que enseñamos sin haberlo aprendido. En ese intercambio silencioso late algo que nos sostiene. Como si fuéramos mensajeros de lo que nunca nos perteneció, pero que, al compartirlo, nos une a un misterio que nos completa.
viernes, 7 de febrero de 2025
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