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jueves, 20 de noviembre de 2025

DOMINGO

     La melancolía de los domingos es la prueba de la semana que se fue y el anuncio de la que llega. Un intervalo de lucidez. Él comprendió que su cansancio no era del cuerpo. Era la fatiga de actuar en un intercambio permanente. Ofrecer atención, recibir expectativas. Regalar emociones, obtener demandas. Un mercado en el que siempre estaba en deuda. Cada contacto humano empezó a parecerle una transacción. Una negociación en la que su moneda personal estaba fuera de circulación. No por falta de valor, sino por un cansancio esencial de participar en aquel trueque. Así que se declaró en quietud. No es una retirada épica. Es la sencilla decisión de dejar de comprar y vender afectos. Los domingos, mientras el mundo practica sus rituales de conexión, él ejercita el suyo: la destreza de no necesitar. La luz se apaga. La semana espera. Él no. En su retiro, ha encontrado el único bien que no se negocia: el peso exacto de su propio silencio.




domingo, 20 de julio de 2025

DOMINGO

     Se sabe que se termina cuando los ruidos de la calle ya no gritan, hablan bajito. Las cosas quedan ahí, a medias: la computadora encendida, el vino en la copa que ya no refresca, la campera tirada en el sillón. No hay necesidad de moverse ni de probar nada a nadie. Uno piensa en el lunes, claro, pero sin darle nombre. Como cuando se mira el reloj pero no se quieren ver las horas. Ese momento ambiguo del domingo donde la tarde se confunde con la noche es eso: un hombre que se queda parado en el andén, mirando el tren que ya se fue. No hay tristeza. O sí, pero es una tristeza chiquita, de esas que entran en el bolsillo del pantalón y no pesan. Algo se fue, algo viene. La vida, nomás. Después llega la noche, callada. Después el sueño, que es un tipo que nunca discute. Ya en la quietud, regresan los disfraces: la corbata invisible, la pila de mensajes. Y cuando abrís los ojos: Lunes.




EL RESCOLDO

     Un día cualquiera uno abre la puerta y afuera hay otra cosa. No es que las flores aparezcan de golpe ni que los pájaros se decidan a ca...