Al encontrarnos frente a un mundo que no ofrece respuestas, descubrimos que existen en nosotros mismos fuerzas que nos impulsan a seguir. Por ejemplo, la resistencia, esa firmeza que nos lleva a no doblegarnos, y la libertad, esa capacidad de elegir incluso cuando no hay caminos claros; además el deseo, esa energía que nos mueve a actuar sin certezas. Pero hay más, pues también emerge nuestra creatividad, esa necesidad de construir algo donde antes no había nada y, por supuesto, la esperanza, no como un sueño frágil, ni vana ingenuidad, sino como una apuesta decidida por lo que podría ser. Aceptar que la vida no tiene un sentido predeterminado no significa rendirnos, sino despertar. Es entender que cada gesto, cada instante, es una oportunidad para darle forma a algo que valga la pena. Porque, incluso en la vasta indiferencia del universo, la vida no es una pregunta, es una posibilidad. Y esa posibilidad, basta con vivirla.
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lunes, 10 de febrero de 2025
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EL FANTASMA INTERIOR
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