A veces la vida se frena. Y en ese silencio, algo se mueve. Aparece. Duele. Muestra lo que escondiste. Hiciste paredes con mentiras y costumbres. Para cuidarte. Pero esas paredes te dejaron en un cuarto muy chico. Hasta que algo se cansa, empuja y las tira. Mirar las sombras no es lindo. Pero ahí, en ese mirar, hay una luz. Chiquita. Que no promete nada. Sólo deja ver. La vida no pide que seas perfecto. Pide que te animes. Y en ese animarte a mirarte y quererte, está todo lo que podés ser. No hay que huirle al dolor. Mirar las sombras es la única forma de encontrar fuerza para ser lo que se quiere. Y quizás alcanza.
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EL RESCOLDO
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