Estoy a seis días de los cincuenta. No sé qué se supone que debe sentirse, pero aquí, bajo el sol, frente al mar, sólo pienso en la línea infinita donde el cielo se mezcla con el agua. Es recta, perfecta, como un corte limpio en el universo. El viaje fue un pretexto, claro. No se trata de escapar, sino de pararse en un lugar donde el tiempo no tenga peso. No hay reflexiones profundas, ni grandes epifanías. Sólo el cuerpo al sol, la sal en la piel, y esa extraña certeza de que todo sigue igual, aunque uno cruce medio mundo para mirarse en otro espejo. Cincuenta años. Medio siglo. Podría hacer cuentas, buscar lecciones, inventar nostalgias. Pero aquí, ahora, sólo importa el viento cálido y buscar una sombra breve. El resto es silencio. Y está bien así.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
COSAS CIERTAS
El hombre permanecía sentado. Llevaba horas sin moverse. El lápiz, en la mano, inútil. Entonces recordó aquella tarde, años atrás, en l...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Un hombre cruza la calle. Lleva las manos en los bolsillos y camina como si ya supiera adónde va. En la esquina, una mujer espera el c...
-
Era una noche de diciembre, cálida. Sobre la mesa, un mantel blanco. Una botella vacía. La luz entraba desde la calle. Sonó el timbre. ...
No hay comentarios:
Publicar un comentario