Se encontraron. Fue algo casual. Ella tenía un gesto al pensar: se enrollaba un mechón detrás de la oreja, siempre igual. Sonreía de una manera especial antes de responder. Un cambio leve, sólo suyo. Un momento breve, casi imperceptible. El movimiento de los brazos al hablar. Eso lo era todo. La mayoría busca lo parecido, lo que aparece en los catálogos. Pero él se detuvo ahí. No quiso suavizar esa parte. Avanzó siguiendo esa luz, como avanza una llave con el corte justo hacia la cerradura. Con la certeza de que la puerta se abrirá. No hubo escena espectacular. Ni palabras demasiado profundas. Hubo, en cambio, un acto de mirar. Y ver. Ver aquello que ella no decía. Que sólo él apreciaba. Y no usarlo. No intentar arreglarlo. Era quizás el único acto de fe verdadero: creer en la verdad del otro, antes que en la comodidad. Así, con esa verdad, se hicieron compañía. No se completaron; se acompañaron. Como dos piedras distintas que, juntas, equilibran una balanza. No se funden en una; se sostienen. Y eso fue el amor: un sostén, un hecho. Se quedaron juntos. No porque fueran la respuesta perfecta, sino porque aceptaron la pregunta que cada uno era. Y dejaron de buscar explicaciones. En algunos casos, sólo se puede explicar lo que no existe.
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lunes, 8 de diciembre de 2025
domingo, 29 de diciembre de 2024
LO INEFABLE
Un amor genuino se desliza entre las palabras como una sombra que se niega a ser atrapada. Es una experiencia que trasciende las definiciones y los conceptos, una esencia pura que se manifiesta en un instante. En lo sustancial, un amor verdadero se muestra esquivo a cualquier etiqueta; revela sólo fragmentos, dejando el resto sumido en una niebla que envuelve lo cotidiano. El poeta lo ha dicho: lo que hay entre nosotros carece de contornos claros; se asemeja a una imagen desvanecida en un álbum olvidado. Un amor auténtico se vive en el presente, en la chispa efímera que lo define, pero no se adscribe a un lugar ni a un tiempo, porque cada rincón puede ser su refugio, y cada momento, su manifestación. En su simplicidad encapsula el sentido de la existencia, escapando a nimiedades como el lenguaje y las ideas.
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