Partieron. Convencidos de que más allá habría algo distinto. Algo que justificara tanto esfuerzo. No volvieron la vista atrás. Para qué hacerlo, si llevaban consigo todo lo que habían sido. Como un peso que no sabían que cargaban. Corrían. Cada uno siguiendo su propio ritmo, en perfecta sincronía con los demás. La promesa del futuro los cegaba. Llegaron. Nada. Sólo el reflejo de lo que siempre fueron. Se detuvieron. Vestían las mismas ropas, perseguían los mismos sueños, cargaban el mismo error. En ese instante lo supieron: No habían estado corriendo hacia adelante, sino en círculos. Mientras la vida, la verdadera, pasaba de largo. Sin que la vieran. Demasiado ocupados en perseguir lo que ya tenían.
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jueves, 7 de agosto de 2025
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