sábado, 23 de mayo de 2026

LA MANO IZQUIERDA

     El gris de la lluvia entró hace semanas. Los edificios tienen el color del cansancio. La gente camina apurada, pero sin rumbo: es el gesto puro de la prisa, vaciado de todo propósito. Uno se levanta, se mira las manos. Son suyas, pero no. Algo se ha borrado. El mundo exterior es una superficie húmeda que devuelve una imagen empañada. El otro, el de al lado, es una mancha. El exceso de contacto nos ha vuelto transparentes. Por eso la lucha es minuciosa: elegir una bombilla distinta para el mate, apoyar la mano izquierda sobre la mesa, decir que no en voz baja cuando todos dicen que sí. Un día, la lluvia amaina. Una rendija al este. Entra un haz de luz sucia, casi amarilla. Ilumina el borde de la mesa. Entonces uno se sienta en esa silla. Y allí se queda.




viernes, 22 de mayo de 2026

NO HAY HAZAÑA EN EL DESAYUNO

     Uno mira el cielo y se convence de que ahí, arriba, está su nombre. Quiere ser explorador de lo infinito, arquitecto de estrellas, funcionario del vacío. Inventa un yo que flota por encima de lo común. Pero la realidad es otra. No hay hazaña en el desayuno. El posible héroe se mancha con el mate, discute por un turno en la V.T.V., y posterga todo porque hay que pagar la patente. La rutina no es un castigo: es lo único verdadero. Hizo la cama, barrió la cocina, durmió ocho horas. Eso es lo grande. El problema es que ahora todos deben ser excepcionales. Pero nadie explica cómo serlo un martes a las tres de la tarde. Entonces se sufre por no ser una estrella, cuando lo extraordinario sería aprender a vivir sin estridencias, a estar donde hay que estar. Al final, todos terminan haciendo lo mismo. El que quería Marte se sienta a mirar la tele. El que soñaba con la gloria escucha el microondas. La grandeza se disuelve en apagar el despertador, en poner jabón en el lavarropas, en cerrar una bolsa de basura. No hay nada más. Así que ya está. Hacé la comida, atendé el timbre, regá esa planta. El universo no te espera. Pero tu cama, sí.




jueves, 21 de mayo de 2026

SALVAR A UNO

     La violencia es un músculo que se ejercita. El egoísmo, una costumbre. Pero hay algo más pequeño que eso: un conductor que frena para que cruce una mujer con bolsas. Una persona que dice “me equivoqué” sin bajarse del todo de su orgullo. Un joven que no se ríe del que cayó. Eso no arregla nada. No va a salir en las noticias. Sin embargo, alguien que ya había decidido tirar todo por la borda, que ya había aceptado que sacar ventaja era la única regla, se encuentra con eso. Un tono de voz. Una pausa. Una disculpa mal dicha. Y desiste. Contra la violencia, eso no compite. Compite contra la certeza de que todo da lo mismo. Y a veces, gana. Salva a uno. No a todos. A uno. Y eso ya es un montón.




miércoles, 20 de mayo de 2026

ACÁ

     La sociedad está enferma, se dice. Siempre se lo ha dicho. Pero la sociedad no está afuera. No viene de lejos ni se nos viene encima como una lluvia. La sociedad está acá, en el modo de tratar al otro, en la forma de no mirar al que pide, en esa prisa que no conduce a ningún lado. Uno podría esperar. Quejarse. Esperar que algo cambie. Pero el mundo no es una cosa aparte. El mundo es lo que uno hace cuando nadie lo mira. Así que la cuestión es simple: no se trata de arreglar la sociedad. Se trata de arreglarse uno. Porque uno es la sociedad. Cada gesto pequeño, cada pausa, cada silencio que se sostiene. Eso es la sociedad. Si uno mejora, la sociedad será mejor.




sábado, 16 de mayo de 2026

LOS AHORAS

     Hay quienes aplazan la vida. Guardan las preguntas en un cajón, miran el calendario como si fuera un desierto y piensan: después. Cuando tenga esto. Cuando termine aquello. Pero el futuro ya llegó. Está acá, disfrazado de ahora ¿Para qué vivir en una celda bonita? Por miedo. Por costumbre. Porque da vértigo soltar el picaporte y salir. Sacrificar el hoy por el mañana es como dejar de comer para alimentar a un fantasma. Inútil. Porque sólo existe una hilera de ahoras. Cada uno con su pequeña bisagra. Abrir o no abrir. Vivir o mirar. No hace falta valor infinito. Basta el justo. Decir esta palabra. Cruzar esta puerta. Entonces ocurre: el riesgo no mata. Salva.




miércoles, 13 de mayo de 2026

MUDANZA

     Se cree que la alegría está en lo que viene. No es así. La alegría ya estuvo. La infancia es la verdadera casa. Todo lo demás es mudanza. Uno crece y empieza a repetir: a ordenar las mismas fichas en otra mesa. Por eso los relatos de mundos lejanos tienen patios con limonero. Por eso las películas del futuro muestran gente tomando chocolatadas en vasos de vidrio. Nadie inventa lo que no tocó antes. Cada pequeño placer de grande no hace más que confirmar que hubo un pasado. Un pasto recién cortado. Un bizcochuelo recién horneado. Algo chico y perfecto que ya no vuelve. Entonces el hombre empuja eso hacia delante. Le dice futuro. Le da vueltas. Y camina. Pero nunca quiso llegar. Quiso, simplemente, estar otra vez en aquella habitación. Con las mismas personas. Con ese aroma a bizcochuelo caliente. Con esos dibujos animados de las cinco y media. No se puede. Y esa, para muchos, es la única tristeza.




martes, 12 de mayo de 2026

PUNTO DE APOYO

     Uno está en la cama, con fiebre alta. La cabeza le pesa. Las sábanas están mojadas. Sabe que así pasará toda la noche. Ya lo sabe. Ya lo aceptó. Entonces suena el teléfono. Es una persona que no habla de lo grave. Pregunta si tomó agua. Cómo está el gato. Se ríe de una torpeza propia. Uno corta. Vuelve a la penumbra. Pero la fiebre, de pronto, arde distinto. Sigue siendo fiebre. Duele igual. Sin embargo, algo cambió. Como si el peso de esa noche hubiera encontrado un punto de apoyo en otra parte. Esa mínima victoria contra el derrumbe es lo que yo llamo amor. No cura nada. Pero reorganiza el modo de estar.




domingo, 10 de mayo de 2026

DOS PUERTAS

     La casa tiene dos puertas. Una da a la calle. La otra no. Por la primera se entra y se sale. Se dice "buen día". Se muestra la cara que hay que mostrar. Esa puerta sirve. Es útil. Pero no guarda nada. La otra puerta no se abre para cualquiera. A veces no se abre nunca. Pero cuando se abre, uno entra y deja ahí lo que no se puede decir en la calle. Una tristeza. Un miedo. Un deseo que no tiene hora. Esa puerta no tiene llave. Sólo se aprende a sentir cuándo toca abrirla. Y se aprende solo. O con los que entran ahí dentro. Que son pocos. Que se cuentan con los dedos de una mano. Después se vuelve a la otra puerta. Se vuelve a la calle. Se vuelve a decir "buen día". Y todo sigue igual. Pero no es igual. Porque uno ya sabe dónde está lo que vale.




 

sábado, 9 de mayo de 2026

CRECER POR CRECER

     Uno vive en un edificio. No sabe el nombre del vecino. A veces, ni el suyo. La ambición solía tener una forma. Ahora es inercia. Crecer por crecer. No saber el nombre del vecino es parte de eso. No saber el propio también. La ciudad se hunde en el barro. No de golpe. Despacio, mientras la gente mira el teléfono. Consume. Consume cosas. Consume personas. Una mañana, el edificio está un poco más inclinado. Nadie se muda. Ya no hay otro lugar. Y uno sigue ahí. Sin saber el nombre del vecino. Sin saber el propio.





viernes, 8 de mayo de 2026

LOS RECTOS

     La gente decente, esa que nunca traiciona, esa que afronta el peligro, también tiene un punto ciego. No es un defecto. Miran el mundo y, sin proponérselo, le ponen orden. Un orden doméstico. Las cosas que les hacen bien las acercan. Las que les causan daño las alejan. Aquello que ansían lo iluminan. Lo que odian lo empujan a la sombra. Así construyen un territorio. Creen que es el mundo. Pero es su casa. Y cuando alguien llega con un plano diferente, no lo entienden. Porque ellos no dibujaron un plano. Edificaron una habitación donde estar a salvo. Esa es la trampa. Los más rectos son los que menos sospechan que su verdad tiene dueño.





jueves, 7 de mayo de 2026

PERDIDO

     A veces uno mira al cielo y ve la estela de un avión: una línea blanca que dura un instante y ya no está. Eso es estar perdido. Uno camina, compra, regresa. Pero antes de dormir no sabe dónde queda su casa. Su nombre le parece prestado. Ahí, en ese hueco, hay una soledad que no se llena con nada. Los demás corren. Se llenan de cosas. Pero todos tienen el mismo vacío. Todos están igual de perdidos. La estela se borra. El avión sigue. Pasa lo mismo con nosotros: dejamos un rastro que el viento se lleva mientras seguimos volando sin saber hacia dónde. Estar perdido no es un error. Es el modo exacto de la existencia. Cuando uno lo acepta, el cielo queda vacío. Pero por primera vez, vacío de mentiras. Morir es que el rastro termine. Vivir es saber que termina. Y seguir.




martes, 5 de mayo de 2026

LA TRAMA

     Uno es vulnerable. La obsesión es creer que eso se tapa con algo grande. El autoengaño es creer que ya lo tapaste. La perfección no existe. Existe una mesa bien puesta. Una conversación que no busca convencer. Un abrigo que abriga. Lo simple no es poco. Es lo único que no miente. La serenidad no se encuentra en lo perfecto. Se encuentra en lo que ya está roto pero igual sirve. Eso que ya no aparenta. Eso que ya no tapa nada. Eso que es nada más que útil y verdadero. Allí la vulnerabilidad deja de doler. Y se vuelve la trama de la vida.




domingo, 3 de mayo de 2026

BAILE TORPE

     La rutina es esa tela que abriga, pero aprieta. Uno se levanta, toma mate, mira el teléfono. Los días se pliegan como sábanas mal dobladas. Entonces aparece la necesidad de cambiar el peso de un pie al otro, sin aviso. He visto parejas que hacen la misma coreografía cada noche. Saben cuándo reír, cuándo callar. La seguridad es hermosa hasta que cansa. Por eso algunos eligen un martes, cada uno por su lado; un fin de semana, solo para volver a encontrarse. No es desamor. Es la decisión de no aburrir al otro con la propia repetición. El baile moderno no tiene pasos fijos. Un brazo que se estira sin razón. Un salto torpe que termina en el piso, riéndose. La vida debería parecerse a eso: a moverse, aunque sea feo. La rutina no es mala. Sólo que sus paredes se vuelven espejos, y uno mira siempre la misma cara. Entonces se aprende a decir no al plato de siempre, a la respuesta automática. Quedarse quieto un segundo, y girar hacia un lado que nadie espera. Porque escapar de la rutina no es llegar lejos. Es no tener un lugar fijo donde volver.




sábado, 2 de mayo de 2026

CONTEMPLAR

     Una persona mira por la ventana. No espera nada. No mira el celular. No piensa en lo que sigue. Sólo mira. Afuera, cae una hoja. Un perro ladra. Alguien cierra una puerta. Eso es todo. La cultura actual dice: produce, responde, acumula. Pero mirar una hoja que cae no produce nada. Y sin embargo, esa persona está más viva que nunca. Porque estar vivo no es hacer. Es dejarse tocar por lo que pasa. Otro ejemplo: dos personas comen juntas en silencio. No hablan. No miran pantallas. Sólo comen. Ese silencio compartido vale más que mil conversaciones apuradas. Otro: un padre y su hijo caminan. No van a ningún lado. No aprenden nada útil. Sólo caminan. Ese paseo, vacío de metas, está lleno de presencia. El mundo no necesita más actividad. Necesita personas que sepan detenerse. Porque detenerse no es perder el tiempo. Es, por fin, usarlo bien.




LA BUENA EDUCACIÓN

     La buena educación no está en las palabras, sino en los hechos. En cómo se recibe al que llega con otra lengua, otra ropa, otra manera de vivir y de morir. Algunos creen que eso está mal. Entonces ayudan. Pero su ayuda no es más que una manera de decir: no me gusta cómo sos, cambiá. Hay otra manera. Más rara. El que está adentro dice: pasá. Sin condiciones. Sin pedir nada. Eso no se negocia. Se hace. O no se hace. Si no se hace, si la puerta se cierra, el que se fue no tiene la culpa. La culpa está en la casa. El mundo no se divide entre los iguales y los distintos. Se divide entre los que abren y los que no. Abrir. Eso es todo. Eso es lo que hacen los que construyen un lugar donde vale la pena quedarse.




viernes, 1 de mayo de 2026

VIVO

     Vivimos convencidos de que la alegría y la tristeza están separadas. Error. Son la misma cosa. Como un latido: sube y baja, pero es uno solo. La intensidad no elige. Un momento pleno tiene algo de pérdida. Un momento triste tiene algo de claridad. No hay que clasificar. Hay que estar. Cuando dejás de preguntarte si esto duele o da gusto, ya estás adentro. Y adentro no hay preguntas. Hay un segundo perfecto que no necesita nombre. Esa es la vida. El resto es trámite.




miércoles, 29 de abril de 2026

ANTES DEL RELOJ

     A los trece años, salir es solamente eso: salir. La bicicleta espera apoyada contra la pared. El skate descansa en el patio. No hay adónde ir. Sólo el asfalto, el viento en la cara, las piernas que giran sin pensar. Los chicos juegan hasta que la luz se vuelve amarilla. Nadie los llama. Nadie los espera. El mundo es una calle que baja, un freno que no frena, una rodilla raspada que no duele. Más allá, una barranca los desafía con su inclinación perfecta. Descubren cosas pequeñas: un árbol torcido, un perro que los sigue, la sombra alargada de las cinco de la tarde. No saben que eso es la libertad. La viven, nomás. Después, sin aviso, algo cambia. No es el cuerpo. No es la edad. Es la primera vez que miran el reloj antes de salir. Y ahí, sin ruido, se termina.




martes, 28 de abril de 2026

ASÍ

     A veces aparece una persona que parece común. Hace cosas comunes. No pronuncia grandes frases. Pero uno la mira y siente algo. Algo que no sabe nombrar. No es inteligente de esa manera que impresiona. No es hábil para hablar. Es, simplemente, alguien que está bien con lo que es. Y esa simpleza, tan rara, le devuelve a uno la fe en la condición humana. Porque uno la ve y piensa: así está bien. Así se puede vivir. Sin apuro. Sin mentira. Con algo quieto adentro que no necesita mostrarse. Uno se va. No recuerda ninguna palabra. Pero algo, adentro, cambia. Muy poco. Lo justo para seguir.




domingo, 26 de abril de 2026

LO QUE NO FLUYE

     En este tiempo, a nadie le gusta una corriente que no pueda cambiar de rumbo. El valor más grande es decir que sí. Decir que sí a todo. A la comida fría, al amigo que miente, a la idea que mañana será la contraria. El sí es la palabra bonita. La que abre puertas. La que no mancha. Pero hay personas, de vez en cuando, que dicen que no. No lo gritan. Lo dicen bajito. Y lo dicen una sola vez. Dicen que no a una cosa, y ya está. No negocian. No dan vueltas. Esa gente, hoy, es insoportable. Porque un no firme es como una roca en medio del río. Y este tiempo no construye cauces. Este tiempo fluye. La roca no fluye. La roca es un escándalo. Entonces el mundo la escupe. La aparta. La olvida. Pero la roca, ahí, sigue. Sola. Dura. Y esa obstinación, en medio de tanta corriente, es lo más parecido a la libertad que nos queda.




CAER EN EL AFECTO

     Uno cree que amar es entender. Que si las piezas encajan, si los proyectos se alinean, si la convivencia no roza, entonces el amor está asegurado. Pero eso es administrar una empresa, no caer en el afecto. El amor romántico, ese que da vergüenza nombrar, no negocia con lo útil. No se instala en la comodidad ni se mide con el calendario. Es un error moderno mirar el amor como a un electrodoméstico que falló. Pero el amor no falla por falta de razones. Falla uno cuando pretende que sea razonable. Porque el verdadero oficio de amar no consiste en evaluar al otro, sino en sostenerlo sin condiciones, en convertir la fragilidad en encuentro, en elegir una y otra vez lo que nunca termina de elegirse del todo. El amor no es un sentimiento que pasa. Es una decisión que permanece, a pesar de la razón. Y esa decisión no necesita justificarse ante tribunal práctico alguno. Simplemente se cumple, o no. Siempre es más sencillo culpar al amor que hacerse cargo de la propia incapacidad de entregarse. Pero el amor, en sí mismo, nunca tuvo la culpa. La culpa es nuestra por querer que sea cuerdo.




sábado, 25 de abril de 2026

LO QUE FALTA

     Una persona ordena los papeles sobre la mesa. Los alinea. Los clasifica. La gente cree que es ordenada por naturaleza. Pero adentro tiene un caos que la aterra. Ordenar los papeles es calmar ese caos. Sin papeles ordenados, se perdería. Otra persona habla sin parar de la sinceridad. La defiende. La exige. La gente piensa que es sincera. Pero miente con frecuencia. Por eso necesita recordarse que la sinceridad existe. La nombra para no olvidarla. Otra persona escribe normas para los demás. Dice cómo vivir, cómo pensar. La gente admira su seguridad. Pero tiembla cuando está solo. Las normas son su refugio. Cada uno busca lo que le falta. El que grita la calma es el que está nervioso. El que predica la bondad es el que siente rencor. El que enseña a soltar es el que aprieta los dientes. No hay malicia. Sólo necesidad. Uno no es lo que dice. Uno es lo que necesita decir. Y lo que repite con más fuerza es lo que nunca tuvo.




CUARTO VACÍO

     Me senté en un banco, frente al río. El hombre llegó después. No dijo nada. Se sentó. Entonces empecé a hablar, como si lo conociera de siempre. Le conté cosas de mi vida: puertas cerradas, ventanas que ya no daban al mismo patio. Mientras hablaba, entendí algo: no me importaba que él escuchara. Lo que quería era usar su mirada como un cuarto vacío donde poner, por fin, mis cosas. Cuando terminé, él se levantó, caminó unos pasos, se detuvo y volvió la cara.
-Usted no es quien dice ser- dijo.
Y se fue.
Me quedé solo. Y supe que tenía razón.




ASÍ FUNCIONA

     El amor de pareja, cuando es verdadero, tiene una sola forma: quedarse. No importa cómo venga el otro, ni con qué carga. Quedarse. La reciprocidad no es un intercambio. Es simplemente que los dos quieren estar en la misma habitación. La confianza profunda es como el aire. No se ve, no se toca. Pero si falta, no se respira. Así funciona: uno cuida. El otro también. Los dos al mismo tiempo. Y con eso, la vida alcanza.




viernes, 24 de abril de 2026

MÁS ALTO QUE EL SOL

     Las dificultades pesan. Te tiran al piso. Pero hay algo que pesa más: la mano de otro que te agarra sin motivo. Eso no quita el dolor. Eso lo vuelve más liviano. Entonces un día, sin darte cuenta, estás parado. Después caminando. Después flotando. Y de repente, todo lo que te aplastaba queda enterrado, tan lejos que parece mentira. Estás más alto que el sol. No porque el sol sea poco. Sino porque el sol sale solo. Vos no. Vos tuviste que aprender a subir con otro agarrado de la mano. Esa es la salvación. No la luz. Sino no estar solo mientras subís.




LA QUIETUD

     Mirar un caracol en la playa: casi nada. Calcio, una espiral rota, algo que el agua descartó. Pero detenerse en lo mínimo es un acto raro, casi antinatural. La atención huye. Uno la obliga. Mirar el caracol sin el mar, sin la arena, sin el camino. Dejar que su sola presencia levante una pregunta sin paisaje. ¿Cuál? ¿Por qué una forma vacía sigue valiendo? Ya no se mueve, ni crece, ni protege. Sin embargo, alguien lo mira y aprende sobre la lentitud como resistencia, sobre gastarse en un solo lugar. Basta con que esté. Lo profundo no pide explicación. Pide silencio. Y ese silencio llega cuando dejás de preguntar y te quedás quieto, mirando la espiral, hasta que la espiral te mira a vos. Ahí está. En lo más pequeño. Esperando que dejes de moverte.





miércoles, 22 de abril de 2026

EL DESGASTE

     Una persona vive años creyendo que las cosas se cortan con un cuchillo. Pero no. Las cosas se gastan. Como la suela de los zapatos. Un día todavía agarra el piso. Al otro, ya no. La suela sigue ahí, pero ya no agarra nada. Así es la cuestión. No hay un momento exacto. Hay un antes donde algo funcionaba y un después donde ya no. Y en el medio, nada. Sólo el uso. Sólo ese gesto de poner el pie, cada día, en el mismo lugar. Por eso la gente se equivoca cuando busca el instante. El instante no existe. Existe la costumbre que desgasta. Existe la palabra que se dice por última vez. Existe el gesto que se repite por inercia y que, de pronto, ya no significa nada. Lo simple es esto: darse cuenta de que el final no es un punto. Es una mancha. Algo que se vuelve difuso hasta que un día uno mira y ya no está. Y no hay modo de saber cuándo pasó. Pasó. Y punto. Esto que estás leyendo ya se está terminando. No de golpe. Como se gastan las suelas de los zapatos: de tanto caminar. Nada drástico. Un día caminás y te resbalás. Y ahí entendés. Pero ya es tarde. Las suelas ya no están.




UN RESPIRO

     Uno se levanta y piensa: este día va a doler. Pero no es el día. Es la idea del día. Esa vocecita que dice: otra vez lo mismo. Pero la mañana tiene algo que esa voz no dice: la luz, esta vez, es distinta. El pájaro que canta no es el de ayer. El agua de la ducha, por un segundo, sale más caliente. Son cosas chiquitas. Casi nada. Uno puede decidir verlas. O puede decidir no verlas. El secreto está ahí. En ese segundo. En esa decisión. Porque la vida, por lo general, no cambia con grandes sacudones. La vida cambia cuando uno sirve el mate y siente el calor en las manos. Cuando escucha al vecino toser y piensa: ojalá que esté bien. Cuando pisa una hoja seca y le gusta el ruido. No hace falta tirar nada. No hace falta comprar un pasaje. Tal vez en otro lugar las cosas funcionen mejor. Tal vez no. Eso no lo sabe nadie. Pero mientras tanto, acá, el agua corre, el sol sale, el día se pone en marcha. Y en ese estar atento, de repente, algo se afloja. No es que el miedo desaparezca. Es que ya no surte el mismo efecto. Como cuando una música muy alta, de golpe, baja de volumen. El sonido sigue ahí, pero ya no vibra en los huesos. Como cuando la respiración, por fin, encuentra su propio ritmo. No es la felicidad. No se trata de eso. Es un respiro. Y con eso, por ahora, alcanza para vivir.




lunes, 20 de abril de 2026

COSAS SIMPLES

     Una baldosa rota en la entrada de una casa. Una taza con el borde cachado. Una ventana que no cierra del todo. Esas cosas también son historias. No hace falta que ocurra nada extraordinario. No hace falta que alguien grite o corra. A veces una historia es apenas un detalle que se queda quieto, esperando que alguien lo mire y diga: esto es mío. Uno suele pensar que la vida está hecha de momentos decisivos. Pero los momentos decisivos casi nunca se reconocen en el momento. Se parecen más a una baldosa rota, a una taza cachada, a una ventana que no cierra del todo. Cosas simples. Cosas que están ahí. La pregunta no es si tu historia es interesante o aburrida, trágica o feliz. La pregunta es si te animás a aceptar que estás dentro de una. Y que esa, cualquiera sea, es la única que te toca. A lo mejor no hay una historia que valga más que otra. Lo único que vale es el momento en que dejás de preguntarte si estás en la correcta y simplemente estás.




BLA, BLA, BLA

     De tanto hablar, nos quedamos sin sentido. Llenamos el mundo de palabras sueltas, como quien tira papeles al piso. Los chicos crecen entrenados para hacer ruido, no para entender. Saben repetir, pero no escuchar. En las pantallas, todo es rápido, igual, vacío. Un gran bla, bla, bla que aplasta cualquier diferencia. La cultura se vuelve, entonces, un montón de datos sin orden. Y lo simple, lo bello, lo que necesita silencio, ya no entra. Mejor callar un rato. Porque hoy, el que no habla es el único que tiene algo para decir.




domingo, 19 de abril de 2026

GRAVEDAD Y VUELO

     Hay personas que miran la luna llena y ven un objeto redondo a una distancia precisa. Se levantan cada mañana, trabajan, cumplen. La vida las encuentra siempre en su lugar. Su esfuerzo es constante, silencioso, eficaz. No piden más que lo que pueden tocar. Otras miran la misma luna y ven una invitación. Saben que no pueden alcanzarla, pero eso no las detiene. Quieren lo grande, lo lejano, lo que brilla sin motivo. Son ambiciosas y soñadoras a la vez: una combinación extraña que las mantiene enteras. A veces, crecer consiste en guardar la memoria de lo que una vez se deseó sin cálculo. Unos la guardan. Otros la transforman en otra cosa. Ambos hacen bien lo suyo. Unos construyen caminos. Otros caminan hacia el horizonte.




LA MANO IZQUIERDA

      El gris de la lluvia entró hace semanas. Los edificios tienen el color del cansancio. La gente camina apurada, pero sin rumbo: es el g...