miércoles, 2 de septiembre de 2026

POLVO DE ESTRELLAS

     La noche es un vidrio empañado. Apoyás la frente y ves luces que ya se apagaron hace millones de años. Así son las señales de la vida: llegan cuando ya no sirven. Cada decisión que no tomaste sigue flotando por ahí, como basura espacial. Podrías haber dicho sí, podrías haberte ido, podrías haber vuelto. Pero no. Ahora esas posibilidades viajan solas, y las ves pasar desde la ventana de un tren que no frena. El control es una baranda en un barco que ya zarpó: te da seguridad, pero no cambia el rumbo. Las estrellas explotan para que haya otros mundos. Las personas se van para que otras lleguen. Las certezas se rompen para que entre el aire. La única verdad es el movimiento. Y vos, que creías estar quieto, ya no sos el mismo de hace un minuto. El universo no pide permiso. Sigue. Vos sólo podés hacer una cosa: soltar el vidrio y vivir como si cada instante fuera el único. Porque lo es. El resto es polvo.






martes, 1 de septiembre de 2026

FLORES EN LA VENTANA

     El invierno no es una estación del año. Es un humor. Uno se termina acostumbrando. Los días son todos iguales, uno tras otro, y las rutinas también. Abrís la puerta, la cerrás, y adentro todo sigue exactamente igual. El amor no viene a solucionar eso. Viene a decirte que se puede hacer algo distinto. No es cuestión de que te den, es cuestión de que des. De mirar a alguien y decir "de esto me encargo yo". Entonces ponés una maceta en la ventana. Todas las mañanas hay que echarle agua. No hay más ciencia que esa: hacerlo siempre. La esperanza, al final, es eso: hacer una y otra vez lo mismo sin que te canse. Te puede pasar a los veinte, te puede pasar a los setenta. La edad no es la que manda. Lo que manda es el momento en que dejás de dar vueltas al pasado y te ponés a hacer. Y un buen día, sin darte cuenta, la tierra se abre. Aparece un tallo verde, finito, que no estaba antes. Y después otro. Y después una hoja. Y después, cuando menos lo esperás, la flor está ahí. La mirás, y te das cuenta de que nunca fue la flor. Siempre fue esa mano que se estiraba todas las mañanas sin esperar nada a cambio. Pero la flor llegó igual. Como premio, como señal, como recordatorio de que las cosas que se cuidan, tarde o temprano, terminan floreciendo.




lunes, 31 de agosto de 2026

LA DESPEDIDA DEL CAPITÁN

     Messi se va. No es una noticia. Es una tristeza que se siente en el aire. Veinte años. Veinte años siendo el centro de un país que no sabía bien qué hacer con su propia grandeza, y no tuvo mejor idea que ponerla sobre los hombros de un pibe de Rosario. Y él, durante todo ese tiempo, aceptó el peso sin quejarse. No porque fuera fuerte. Sino porque no conocía otra manera de estar en el mundo. Pero hay un momento, en la vida, en que uno descubre que la manera de estar en el mundo puede ser otra. Que uno puede, simplemente, ser sin tener que demostrar nada. Los hijos crecen y uno los mira desde lejos. No los retiene. Los deja ir porque sabe que retenerlos sería condenarlos a ser siempre niños. Y Messi, de algún modo, fue el hijo de todos nosotros. El que cargaba nuestras esperanzas como quien carga una mochila que ya no le pertenece. Hasta que un día, sin aviso, la deja en el piso y sigue caminando. No es abandono. Es el acto más generoso: decir "basta" para que el otro aprenda a caminar solo. Argentina, ahora, tendrá que inventar su propio fútbol sin él. Y eso, aunque duela, está bien. Porque el amor verdadero no es el que resuelve, sino el que deja espacio para que el otro resuelva. Messi se retira, pero no se va. Se corre a un costado. Y desde ahí, desde ese lugar que ya no es el centro, mira lo que construyó sin la necesidad de sostenerlo. Porque lo construido, cuando está bien hecho, se sostiene solo. Como los hijos que ya no necesitan la mano. Como las etapas que se cierran sin ruido. No se trataba de ganar todo. Se trataba de estar. Y él estuvo siempre. Hasta el último segundo en que estar tuvo sentido. Después de eso, lo único que queda es la gratitud de haber presenciado algo que jamás volverá a repetirse. Y entonces, cuando el estadio esté vacío y el silencio ocupe el lugar de los gritos, entenderemos que no se fue: se quedó en cada pelota que tocó, en cada tarde que nos hizo creer, en cada instante en que, sin saberlo, nos enseñó que la grandeza no está en ganar, sino en creer hasta el final. Duele porque se va. Pero emociona porque, en el fondo, nunca se irá del todo.



domingo, 30 de agosto de 2026

CLARA

     El púrpura cayó durante días -una mezcla rara de cielo y de sangre- y no quedó árbol, ni casa, ni rostro que no llevara su mancha. Miré mis manos: allí estaban los golpes que había dado y recibido, las palabras que no dije y las que no escuché, las puertas cerradas ante mí. Cada error se veía como una herida abierta. Pero el agua, de pronto, cambió. Se volvió clara, y ya no tiñó: apenas mojó. Levanté la cabeza. Alguien tomó mi mano. Eran aquellos a quienes había lastimado. No hizo falta decir nada. El perdón ya estaba dado, mucho antes de que yo supiera pedirlo. La lluvia corrió por nosotros y se llevó todo lo que habíamos sido. Entonces, sin soltarme, ellos siguieron caminando. Yo también. La tormenta no había terminado. El púrpura, en algún lugar, seguía cayendo. Pero ya no sobre nosotros.





sábado, 29 de agosto de 2026

QUEDARSE

     La noche llega. No hay nada raro en eso. El tiempo va y viene, y a veces lo que viene es oscuro. Uno permanece en esa oscuridad. No busca nada especial. Sólo espera. Y en esa espera las cosas empiezan a ordenarse de otra manera. No es iluminación. Es claridad: lo que importa sigue ahí, aunque no se vea. El tiempo va y viene. Lo único que uno puede hacer es no irse con él. Quedarse. Eso es todo. No hace falta brillar. Basta con no apagarse. La noche pasa, como pasa todo. Y uno sigue ahí, sin haber necesitado más que eso para crecer.




viernes, 28 de agosto de 2026

DÍAS DE VIDRIO

     La ciudad de vidrio no deja marcas. Caminar es repetir el mismo paso sobre el mismo piso. Los otros pasan, hacen, cumplen. Hablar es completar casilleros. La tecnología hizo los días idénticos. El hogar es una estación de paso. El tiempo siempre pide algo nuevo. La actualización del sistema. Uno se mira en la pantalla y no se reconoce. Es un número, un perfil, un saldo. Nada más. Dos caminos: entrar de lleno al juego, hacer que los vínculos rindan, sonreír en el momento justo. O salir. Pero salir es otra jugada. La fuga se vende. El problema es que ya no hay tierra sin cartel de venta. Lo que uno busca ya tiene precio. Entonces uno se detiene. No juega. No se va. Mira el vidrio y entiende: la única salida es no salir. Detenerse. Simplemente porque eso, justo eso, el progreso no pudo comprar.




miércoles, 26 de agosto de 2026

AMÉRICO, DESPUÉS

     Llegamos. Eso es todo. La proa tocó una costa que no estaba en ningún libro. Bajamos con hierro y letras. Ellos bajaron con el cuerpo y la paciencia. Ellos nos llamaron "caribe". No por costumbre. Porque en su lengua esa palabra designa al que sabe. Al que ya ha visto lo que nosotros buscamos. Nosotros llevábamos cruces y cadenas. Ellos llevaban el aire. Y nada más. Uno de ellos, viejo, me tocó la frente. Preguntó. No entendí. Después supe que preguntaba: ¿Dónde vas? No supe responder. Fundamos pueblos. Pusimos nombres de santos sobre nombres que no podíamos pronunciar. Repartimos la tierra como si fuera nuestra. Ellos miraban. No decían nada. Pero su mirada era una pregunta fija. ¿Dónde vas?, me preguntaba el que me daba maíz. ¿Dónde vas?, el que señalaba el horizonte y se reía sin burla. Yo tracé mapas. Escribí informes. Marqué rutas. Pero cada noche, frente a la página en blanco, entendía que ellos no necesitaban mapas. Necesitaban saber si nosotros sabíamos a dónde íbamos. No lo sabíamos. Los nuestros talaron. Los nuestros tomaron. Los nuestros llamaron salvaje a lo que no entendían. Y ellos, los que nos llamaban "caribe", los hombres de sabiduría, nos vieron hacer todo eso y no nos detuvieron. Sólo repitieron, bajito, para sí mismos: ¿Dónde vas? Ahora, desde esta mesa de escribano, sé que la pregunta no era para nosotros. Era para ellos. Para saber si valía la pena esperarnos. No valía. Porque el que pregunta ¿Dónde vas? ya sabe que el otro no tiene respuesta. Y el que no tiene respuesta, no llega. Sólo ocupa. Ocupamos. Eso hicimos. Y ellos, los sabios, nos dieron un nombre que no repetiré. Pero que merecemos.




martes, 25 de agosto de 2026

PROGRESO

     El pasado fue un ensayo. Nada más. Una primera página escrita con mala letra. Idealizarlo es un lujo de aburridos. El ingenio colectivo no es magia: es una respuesta de emergencia. Muchos que miran un mismo problema sin saber bien quiénes son, y de pronto alguien dice algo, otro lo empuja, y la solución aparece. El progreso no falla. A veces se demora, a veces se confunde, pero siempre termina por acomodarse. Los cambios no piden permiso. Llegan, se instalan, y después parecen inevitables. La nostalgia es una mala inversión: pierde tiempo en una foto que nunca fue verdadera. El futuro no da miedo. Es una habitación con gente adentro, moviendo piezas. Porque el ingenio, cuando se comparte, no se detiene. Y lo que hoy parece desorden, mañana será el único orden que tenga sentido. El pasado puede enseñarnos bastante, pero el presente aún no termina de contarnos lo que puede llegar a hacer.




LA CERTEZA

     Creer que uno ve es un error. Lo que hace es ordenar. La certeza es la pereza del pensar. El ego es el que defiende esa pereza: sólo acepta lo que ya sabe. Afuera, no te mienten. Te dan opciones fáciles. Caminos sin curvas. Uno cree que elige, pero sólo elige entre lo que ya le ofrecieron. Lo real es lo que no estaba previsto. El que no saluda. El dato que no encaja. Ahí el orden se rompe. Y la verdad es sólo esa: la certeza es una casa cerrada. La realidad, una ventana abierta. El que mira no es dueño. Sólo pasa. Pero al menos, no miente.





domingo, 23 de agosto de 2026

FINITO

     Hoy, al caer el sol, termina el día de mi cumpleaños. Probablemente tengo más años de los que me quedan. Uno pasa los años sumando, porque así se aprende. Después, cuando ya nadie enseña, se aprende a restar. No es una decisión: ocurre. Una fecha, un papel, y de repente constatás que algo ya no vuelve. Ahí te das cuenta: no podés llevarlo todo. No porque no quieras, sino porque el tiempo tiene un límite que no negocia. Entonces elegís. Pero ya no entre el bien y el mal. Elegís entre lo que pesa y lo que sostiene. Entre lo que ocupa y lo que habita. Porque hay cosas que llenan la casa y cosas que llenan la vida. Y no son las mismas. Quien vivió en algún extremo -y yo viví- sabe esto: la intensidad no es claridad, y el vértigo no es dirección. Corrí, me dejé llevar, confundí velocidad con avance. Ahora, con el tiempo justo, comprendo: la única ganancia está en soltar. No es resignación. Es atención. Mirar y preguntar. Escuchar y no siempre responder. Porque el equilibrio no es la mitad: es la cantidad justa, esa que sólo se reconoce cuando ya no hay apuro. El instante, antes perdido, es ahora el único lugar valioso. Ya no se trata de atraparlo, sino de estar. Ya no se trata de vivir más, sino de vivir con la certeza de que no habrá otra oportunidad. Que esto es todo. Y que, por eso, es más urgente. Cumplir años, al final, no es sumar. Es restar lo que sobra para que lo que quede, por fin, brille con su propio peso.




viernes, 21 de agosto de 2026

LA PAUSA

     La gente corre. Pero cuando la carrera se detiene, aparece un vacío. Ese vacío es el único lugar desde donde es posible ver algo. Vivimos haciendo. No viviendo. Hacemos tanto que olvidamos que existimos. Cuando dejamos de hacer, aparecemos nosotros. No falta tiempo. Falta pausa. Sin pausa, las cosas pasan pero no quedan. Se viven sin ser verdaderamente vividas. Las pantallas nos lo dieron todo. Nos quitaron el alma. Ahora todo es información. Pero la información no es vivir. Vivir necesita un cuerpo quieto. El silencio no es ausencia de ruido. Es ausencia de exigencias. Allí aparece lo importante. Cuando todo se detiene, uno escucha. Y al escuchar, algo cambia. El mundo sigue sin que uno lo empuje. El tiempo no huye: espera. Ese cambio deja una marca. La vida vuelve a andar. Pero la marca persiste. Ya no se puede correr igual. Queda una pregunta. La pregunta no tiene respuesta. Pero preguntar ya es otro modo de estar. Preguntar por lo que uno es, no por lo que hace. En un mundo que mide todo, eso es una forma callada de resistencia.




miércoles, 19 de agosto de 2026

COSAS SIMPLES

     El miércoles el mundo se detuvo. No hubo aviso. No hubo ruido. Llegó el silencio y se quedó. Los trenes no salieron. Las escuelas no abrieron. La gente se quedó en casa sin saber bien por qué. Así nomás. Algunos abrieron cajones que tenían años cerrados. Otros cocinaron esa receta de la abuela que nadie había vuelto a hacer. Algunos se sentaron junto a la ventana y miraron la calle vacía. Sin hacer nada. Sin tener que hacer nada. Todos hicieron eso. Cosas sencillas. Cosas que siempre estuvieron esperando. Y ahí, en esa cocina, en esa mesa, en esa tarde sin apuro, pasó algo. No se puede explicar bien. Como cuando uno vuelve a casa después de un largo viaje y todo está igual, pero uno lo ve distinto. Pasó el tiempo. Los trenes volvieron. Las escuelas abrieron. La gente salió otra vez. El mundo siguió. Pero esa tarde, en cada casa, en cada cocina, quedó algo. Un aroma, una pausa, una forma de mirar que antes no existía. El miércoles el mundo se detuvo. Y aunque nadie lo diga en voz alta, todos saben que, desde entonces, el jueves no es igual.





domingo, 16 de agosto de 2026

OTRA COSA

     Uno cree que las cosas se quedan ahí, quietas, como si el tiempo les hiciera un lugar. Pero no. Se van. Sin ruido, sin aviso. Y cuando uno estira la mano para agarrarlas, ya no están. No es que se pierdan: es que se vuelven otra cosa. Una versión gastada. Un reflejo que ya no se parece a nada. La verdad, en el fondo, no importa. Tampoco la mentira. Lo único que vale es ese momento en que, sin saber bien cómo, dejamos de reconocer lo que tuvimos enfrente. Y eso, por tan simple, da miedo. Porque el olvido no es un error de la memoria. Es la forma que tiene el tiempo de seguir andando. Uno aprende a vivir con eso. A veces hasta cree que lo tiene manejado. Hasta que un día se da cuenta de que ya no recuerda ni por qué empezó a recordar. En ese momento, justo ahí, termina todo. Y ahí, sin pausa, empieza todo de nuevo.






sábado, 15 de agosto de 2026

EL ORDEN

     Las reglas cotidianas son un invento para hacer que la vida resulte predecible. Uno se levanta a una hora prefijada, pronuncia ciertas palabras, come con determinados cubiertos, elige un carril en la autopista. Todo parece claro. Pero no es más que un papel pintado. En el fondo, el mundo no funciona así. Las horas se estiran o se encogen. Las palabras mudan de sentido según quien las diga. La cortesía es un disfraz; la justicia, un capricho. Es posible pasar la vida entera queriendo ordenar el caos, hasta que se comprende que el caos es el orden verdadero. Y que las únicas normas ciertas son las que uno mismo se inventa mientras camina. Crecer es eso: dejar de exigirle al mundo que tenga sentido y, aun así, seguir adelante.






viernes, 14 de agosto de 2026

DESAPARECER

     Hay una parte de nosotros que no pertenece a ningún lado. No la elegimos. Está ahí, mirando siempre hacia el límite donde lo visible desaparece. Esa parte no viaja. No hace falta. Sólo se queda quieta, pero en otro lugar. La gente cree que el mundo se sostiene por lo que retiene. Pero el mundo se sostiene, sobre todo, por lo que cada uno decide dejar ir. Un día, sin aviso, esa decisión se vuelve más fuerte que cualquier cadena. No hay drama. No hay despedida. Sólo un movimiento mínimo que lo transforma todo. Los que miran desde afuera no ven nada. Los horarios continúan. Las obligaciones también. Pero algo en el aire ya no es igual. Porque estar no es lo mismo que quedarse. Y quedarse no es lo mismo que elegir. Al final, cada uno descubre que la partida verdadera no se anuncia. Simplemente sucede, en silencio, cuando alguien ya no necesita un mapa para saber adónde va.




EL PASO

     Un hombre camina todos los días por la misma vereda, a la misma hora, con idéntico paso. No piensa en eso. Piensa en las compras, en el perro que ladra a lo lejos, en el cielo que amenaza lluvia. Pero sus pies ya conocen el trayecto. Sus pies recuerdan cada baldosa suelta, cada desnivel. Sus pies van solos. Él los sigue, distraído, como quien se deja llevar por una corriente. Y así, sin saberlo, va dejando un camino que otros dejaron antes que él, y que otros dejarán después, cuando él ya no esté. La vereda no cambia. El paso, tampoco. Lo que cambia, si es que algo cambia, es lo que sucede mientras se camina. Pero para que suceda, alguien tiene que mirar el pie que se levanta. No el destino. El pie.



jueves, 13 de agosto de 2026

LO QUE YA NO ESTÁ

     La fotografía es la verdad. El cine es la verdad veinticuatro veces por segundo. La primera es un instante que se queda; la segunda, una corriente que fluye. La foto dice: "esto fue". El cine dice: "esto está siendo". Pero nosotros hemos olvidado cómo mirar. Queremos que la foto se mueva y que la película se detenga. Queremos que el tiempo obedezca. Sin embargo, hay un momento en que se tocan: cuando una imagen se fija en la memoria y uno siente que allí, en ese lugar, todavía algo ocurre. Entonces la verdad no es lo que se ve, sino lo que se adivina. Porque todo mirar es despedirse. La foto muestra lo que ya no está; el cine, lo que se va mientras se muestra. Ambos, si se observan con atención, dicen lo mismo: el tiempo pasa, y nosotros pasamos con él. Mirar es dejarse ir. La única verdad cierta no está en la imagen, sino en el acto de mirarla. Y eso no se captura: se hace. Y cuando se hace, ya no hace falta nada más.




miércoles, 12 de agosto de 2026

BAJO EL ARCO

     El arco amarillo no vende comida. Vende tiempo: el tiempo que no tenés que esperar. El hambre, antes, era espera. Ese vacío que crecía mientras la olla hervía, mientras la mesa se armaba. El arco amarillo borró esa espera. Ahora el hambre es un reflejo: la ves, la saciás, la olvidás. El gesto se repite hasta ser automático. No compramos porque decidimos. Compramos porque vemos la letra eme y la mano ya va al bolsillo. La oferta llega antes que la pregunta. El objeto, antes que el deseo. Caemos todos. No por débiles. Porque ya no hay pausa donde elegir. El consumismo no nos vuelve voraces. Nos vuelve automáticos. Nos roba el hambre y la reemplaza por un tic. La salida es una pausa. Antes de comprar, detenerse. Mirar la eme y no mover un dedo. Ese instante quieto es lo único que aún nos pertenece. El hambre, esperando, vuelve a ser nuestra.






LA MIRADA Y EL ASFALTO

     Caminaba cuatro cuadras por el pueblo. Las mismas cuatro, cada día. El chino de la esquina, la plaza, la Municipalidad. Hasta que una mañana, sin que nada lo anunciara, no pudo más. Compró los pasajes y se fue. Ahora camina por la Rambla, pero no es turista. Es un argentino que huyó de su propia repetición. No mira la Sagrada Familia. Mira a los vendedores, a los mozos que arrastran sillas contra el piso. Y piensa: "Acá también hay rutina. Pero no es la mía". Entra en un bar. Pide algo frío. No hace nada. Sólo observa cómo el sol, al fin, se esconde detrás de los edificios y cómo, igual que en su pueblo, la noche cae sin previo aviso. Entonces comprende que no necesitaba cambiar de ciudad. Necesitaba cambiar de mirada. En el avión, cerrará los ojos y repasará las cuatro cuadras. El chino de la esquina, la plaza, la Municipalidad. Pero los verá distintos. Verá la luz de la mañana, el gesto de los vecinos al saludar. Cosas que siempre estuvieron allí, pero que él nunca quiso ver. Volverá a caminar esas cuatro cuadras. Y por primera vez, no tendrá apuro en llegar.




RESTAR

     La felicidad no está en lo que hacés, sino en lo que dejás de hacer. La gente cree que vivir es sumar. Agregar días, objetos, afectos, conocimientos. Pero sumar cansa. Sumar llena los bolsillos y vacía la mirada. El secreto está en restar. Sacar lo que sobra. Dejar de explicar. Dejar de demostrar. Dejar de querer tener razón. Aflojar la mano. No responder todo. No entender todo. No controlar todo. Cuando dejás de hacer, las cosas vuelven a respirar. El silencio vuelve a ser grande. El otro vuelve a ser otro. Vivir bien es saber cuándo parar. Es mirar sin agarrar. Es estar sin intervenir. Ahí, en ese vacío que dejás, aparece lo único que vale: la paz de no necesitar nada más.




martes, 11 de agosto de 2026

SAGRADA FAMILIA

     La Sagrada Familia no es alta: es firme. Cada torre baja hacia el suelo. No asciende: sujeta. Mi hija la vio a los quince. Yo no estaba. Me contó por teléfono que era enorme. Hoy, a sus dieciocho, volvimos juntos. Se detuvo en el mismo lugar. Miró los andamios y las grúas. Dijo: "Sigue igual". No era queja, era constatación. Entendí entonces que no había vuelto a ver la obra, sino el tiempo que pasa sin cambiar lo que importa. Ella, que ya no vive en casa, que estudia y decide sola, sigue siendo la misma que miró los andamios a los quince. Y yo, que no estuve aquella vez, estoy hoy. El templo sigue igual.



NO GUARDAR

     Se puede saber la hora exacta, el lugar, el nombre de cada cosa. Se puede repetir de memoria el manual entero. Y sin embargo, no comprender nada. La información llena cada rincón. Pero no hay en ella ningún lugar donde quedarse. Todo pasa, todo se consume, todo se reemplaza. Esa velocidad no deja espacio para la pausa. Y sin pausa, no hay comprensión. Comprender no es sumar. Es detenerse. Es mirar una misma cosa hasta que deje de ser la que creíamos conocer. Como quien ve a un ser querido todos los días y en un momento, sin motivo, descubre que no lo había visto nunca. El saber llena. La comprensión, en cambio, vacía. Nos deja sin palabras, sin datos, sin certezas. Y ahí, en ese lugar despojado, empieza a verse lo que realmente importa. Por eso, al final, el que comprende no es el que más sabe. Es el que supo tanto que prefirió no guardar nada. Y se quedó en silencio, con los ojos abiertos, viendo por primera vez.



jueves, 6 de agosto de 2026

EL PASO

     El miedo no se vence con trucos: es una puerta. La mayoría no la abre. Yo aprendí que el único modo es abrirla del todo. Porque quien se cuida del dolor no lo aleja: lo deja ahí, creciendo, mientras mira desde lejos. Llega un día en que no hay más vueltas. La enfermedad, la pérdida, el amor que se va. Hay que meterse de lleno. Caer en el centro de lo que viene. Como quien se arroja al agua sin saber nadar, pero sabe que hay fondo. Cuando uno siente el miedo hasta el final, el miedo se termina. No porque desaparezca, sino porque ya no es un fantasma: es una cosa con nombre. Algo que se puede mirar de frente. Y, una vez que lo ves, podés decir: ya sé qué es esto. Ya lo viví. Ahora lo dejo. No es que uno deje de querer. Es que uno deja de creer que eso es todo. Así que ahora abro la puerta. Dejo que pase. Siento. Y, cuando no queda nada, sigo.




miércoles, 5 de agosto de 2026

EL FANTASMA INTERIOR

     La vida se ha vuelto un producto. Se mide por lo que se muestra, no por lo que se siente. Las personas actúan para ser vistas. Acomodan lo que hacen y lo que dicen a lo que el otro espera. La aprobación ajena se convierte en el único espejo. Pero ese espejo no devuelve una imagen propia, sino la que el otro quiere ver. El precio de esa operación es sencillo: se pierde la identidad. Se sabe qué gusta, pero no qué se es. Se sabe qué conviene, pero no qué se necesita. La vida se vuelve una serie de cálculos. La pausa, la duda, lo que no se muestra, se descarta como inútil. Cuando el éxito llega, no hay nadie. Sólo queda el número aprendido, el truco que la audiencia aplaude. La fiera está domada. Y el domador, ese que la doma, es uno mismo. Uno es el que aplaude y el que salta, el que exige y el que obedece. No hay verdugo fuera. El verdugo está adentro, sentado en la butaca, viéndose actuar.




lunes, 3 de agosto de 2026

A VECES, VUELVE

     Hay personas que no encajan. El mundo negocia y ellas regalan. El mundo espera y ellas van. El mundo guarda y ellas sueltan. Por eso quedan afuera. El mundo no las quiere. Porque no sirven para el juego. No calculan. No esperan. No guardan. Y sin embargo, dan. A veces, lo que dan vuelve. Casi nunca. Pero a veces. Lo justo para que sigan dando. Para que crean que tiene sentido. No lastiman. No por ser buenas. Sino porque no saben cómo se hace. Nunca aprendieron. Y un día, sin buscarlo, alguien les devuelve algo. Uno de los suyos. De los que también dan. Y ahí, en ese momento, ellas descubren que no estaban solas. Que el mundo no las había olvidado. Que sólo estaban esperando a alguien que supiera recibir. Ese día, todo lo que dieron deja de ser pérdida. Empieza a ser otra cosa. Algo que no tiene nombre. Pero que se siente. Y ellas siguen dando. Sin saber si volverá. Pero con la certeza de que, a veces, vuelve.




sábado, 1 de agosto de 2026

TODOS, NADIE

     El uno no tiene nombre. No tiene cara. No está en ningún lado, pero está en todo. Es lo que se dice, lo que se piensa, lo que se hace. Sin que nadie lo haya dicho, sin que nadie lo haya pensado, sin que nadie lo haya hecho. Vos no decidís. El uno decide por vos. Y vos lo agradecés, porque es más fácil. No hay que elegir, no hay que arriesgar, no hay que responder. El uno es una máquina de respuestas ya hechas. Y funciona tan bien que vos ni siquiera notás que está funcionando. Pero hay un precio. Vos no sos vos. Sos el otro. Sos todos. Sos nadie. La vida se vuelve una copia. Una copia de copias. Vos repetís, repetís, repetís. Y creés que estás viviendo. Pero estás repitiendo. Nada más. Entonces, ¿qué hacer? No mucho. Casi nada. Dejar de repetir. Callar. Mirar algo que no tenga nombre. Algo que no sirva para nada. Algo que nadie haya nombrado antes. Eso no lo dice el uno. Eso no lo piensa el uno. Eso es tuyo. Y en ese instante, sin gritar, sin hacer nada raro, vos dejás de ser todos. Vos sos alguien. Uno, nada más. Pero uno de verdad.



ÍNTEGRO

     Hace tiempo que no sé estar en el mundo sin que el mundo me pida algo. Todos los días igual: despertar, cumplir, resolver, apagar la luz. En medio, ruido. Antes, cualquier cosa me sostenía. Ahora todo pasa. La inspiración llega y se va. La esperanza parece un esfuerzo. Y lo peor: uno se acostumbra. Pero hay un automotor viejo y quieto en algún lado. No importa dónde. Está completo sin moverse. No necesita demostrar que sirve. Su valor se mantiene. Está en ser, no en hacer. Eso busco. No fuerza. No salida. Una forma que se mantenga. Que los días tengan claridad sin depender del ánimo. Que lo cotidiano no sea pared, sino piso. La paz no es un lugar. Es una decisión: quedarse donde uno está sin pedir que sea otro. Permanecer atento. Mirar el automotor y no pedirle que arranque. Mirarse y no pedirse ser distinto. Uno puede estar quieto y estar bien. No hace falta moverse. No hace falta ser otro. El automotor no va a ningún lado y está entero. Yo puedo hacer lo mismo.




viernes, 31 de julio de 2026

EL INSTANTE

     Hay un instante en que la vida se encausa. No es un gran acontecimiento. Es un pequeño quiebre. Alguien hace cualquier cosa. Irrelevante. Lava los platos. Espera el colectivo. Mira llover a través de la ventana. Y de pronto advierte que todo lo que hace lo hace porque siente que tiene que hacerlo. Por deber. No por deseo. Ese advertir es el punto. No hace falta que algo sangre al atravesarlo. Basta con no hacer como siempre. Por ejemplo: no responder a una pregunta que siempre se responde. O quedarse quieto, un rato, sin hacer nada. O decir que no a eso que siempre se dice que sí. La gente cree que la libertad es algo enorme. Que necesita viajes, transformaciones radicales. Pero la libertad es sutil. Es el plato que se lava sin apuro. Es la conversación atenta. Es el silencio que no se llena con palabras. Cuando uno suelta una cosa pequeña, descubre que puede soltarlo todo. Después de ese día, ya nada es igual. No porque haya hecho algo extraordinario. Sino porque comprendió que lo extraordinario es hacer lo ordinario con atención. Y ya no vuelve atrás. Porque atrás ya no existe.




jueves, 30 de julio de 2026

LO QUE NO SE VE

     La gente cree que lo importante hace ruido. Que el cambio llega con trompetas. Que el amor se anuncia. Que el dolor se grita. No es así. Lo importante llega sin aviso. Se sienta en una mesa, ocupa una silla, y uno no lo nota hasta que pasaron tres otoños y esa silla ya es parte del paisaje. Entonces querés contar cómo empezó, pero no podés. Porque no hubo un principio. Hubo un día cualquiera y algo, o alguien, que se quedó. Así ocurre con casi todo: lo que perdura no se presenta. Lo que se presenta, dura poco. Por eso la gente persigue primeras veces. Busca el comienzo, el minuto cero. Cree que la vida está en el arranque. No existe tal cosa. Lo verdadero está cuando nadie mira, cuando no hay foto, cuando la emoción ya se fue y sólo queda la rutina de estar. Ahí está. Ahí se juega todo. Uno espera el gran instante. Y el gran instante, mientras tanto, ya pasó. Fue ayer, a las seis, mientras hacías cualquier cosa. Y no lo viste porque miraste el teléfono. El truco, si existe, es aprender a ver lo que no se anuncia. Atender lo que no pide permiso. El espacio entre dos respiraciones. El instante justo antes de que alguien hable. Antes que algo muera. Eso no se cuenta. Eso se vive. Y si te descuidás un poco, se te escapa. No hay moraleja. Lo que vale no se ve. Y lo que se ve, casi nunca vale. Por eso, cuando alguien dice "este es el día", yo desconfío. El día, generalmente, fue el miércoles. Y no nos dimos cuenta.






miércoles, 29 de julio de 2026

LA MIRADA

     El hombre usaba una cámara. Apuntaba a la luz, a las manos, a los silencios. Cada foto decía: aquí fui feliz, aquí también, aquí estuve. Los años llenaron la caja. Pero las imágenes empezaron a doler. Cuanto más las miraba, menos sentía. La dicha en el papel se había gastado. Él pasaba los días cuidando que nada se borrara. Una tarde cerró la caja. No la rompió. La dejó a un lado. Apoyó la frente contra el vidrio y miró la calle. Vio gente que pasaba sin dejar rastro. Vio luces que se encendían y se apagaban. En la radio de algún auto, a todo volumen, una canción que no conocía. Justo en ese momento llegó la frase, clara, como si hablara con él: "...This is a precious opportunity...". Eso era vivir: pasar sin pedir que quede algo. Cuando el sol se fue, el lugar donde estaban las preguntas quedó limpio. Ya no hacía falta retener nada.






POLVO DE ESTRELLAS

     La noche es un vidrio empañado. Apoyás la frente y ves luces que ya se apagaron hace millones de años. Así son las señales de la vida: ...