Miguel Ángel afirmaba que el arte necesita una "inteligencia sentiente", una combinación esencial de sensibilidad e intelecto. Sin esta conexión, lo que surge no puede considerarse arte, sino sólo técnica o caos. Las grandes culturas prosperan en este equilibrio, evitando la pura frialdad de la razón y la insustancialidad de lo primitivo. El arte es una expresión de nuestra inteligencia sentiente, que nunca pierde su esencia emotiva. Actúa como un vehículo para transformar lo oculto en algo tangible. Miguel Ángel también decía que "la pintura es una música que sólo la inteligencia puede percibir", una melodía que se encuentra en la naturaleza. El artista debe ser capaz de sentir y expresar esta música. Sin embargo, el arte puede parecer distante, y disfrutarlo a menudo requiere esfuerzo. En un mundo donde la técnica puede deshumanizarnos, es crucial cultivar la capacidad de apreciar la belleza en lo cotidiano. Esto demanda una curiosidad que sólo los niños y aquellos con un verdadero espíritu artístico poseen.
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