Vuelan. Ignorantes. Entre flores. Sus alas pulsan. Un instante. Luego, nada. Así nosotros. Avanzamos. Ciegos. Frágiles. Como hojas en el aire. Breves. Tan breves. Pero en esa brevedad... ¿no reside el ardor? La pura luz. Caemos. Sí. No hay semilla. No hay renacer. Sólo el gesto perfecto, consumado. El vértigo de ser. Y dejar de ser. Esa es la verdad desnuda: La belleza no perdura. Arde.
jueves, 12 de diciembre de 2024
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