El aire ya no corta: acaricia. Las piernas olvidan. La meta no es un final, sino el lugar donde todo reinicia. El cincel no fuerza el mármol. Espera. Escucha. Hasta que la piedra le indique por dónde partirla. La música existe porque el silencio, a veces, necesita ser roto. Porque entre el antes y el después debe haber algo que vibre. Como la espuma que corona la ola un instante antes de rendirse al mar. Como las estrellas, que brillan sin pedir permiso. Vivir no se explica. Se late. Se respira. Y cuando todo termine, quedará ese destello: no como adiós, sino como la prueba absurda de que los finales son sólo otra forma de seguir.
lunes, 30 de junio de 2025
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
LO QUE SE QUEDA
Uno aprende, con el tiempo, que algunas cosas se quedan. Una canción. Una persona. Una playa. Un día cualquiera. Una noche. Una tarde q...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Te pasás la vida soñando. Con la casa, con el auto, con ese rincón de paz donde todo esté en su lugar. Juntás plata, pedís créditos, fi...
-
Uno arranca por cualquier lado. No hay otra forma. Nadie sabe dónde queda el principio. Así que agarramos lo primero que viene, un día...
No hay comentarios:
Publicar un comentario