Llega un día en que sólo quema lo verdadero. Lo demás -el ruido, los disfraces, las viejas batallas- se desprende solo, como hojas secas. La palabra escrita es mentira. Uno deja de buscar espejos en los demás. Ya no importa quién aplaude o quién juzga. Lo que queda es puro, como el gesto de un niño que juega sin saber que lo están mirando. Una segunda piel. No es frialdad. Es un fuego que elige bien su combustible. Arde. Nada más.
martes, 1 de julio de 2025
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
LO DEMÁS
A veces alguien quiere escribir su vida. Se sienta donde puede. Empieza por lo de afuera: la casa, el pueblo, los años. Después, si ins...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Un hombre cruza la calle. Lleva las manos en los bolsillos y camina como si ya supiera adónde va. En la esquina, una mujer espera el c...
-
Una puerta. Está el afuera, y el adentro. Abrir es un acto sencillo: permitir el paso de un lado al otro. La dificultad reside en lo q...
No hay comentarios:
Publicar un comentario