Pensamos con lo que llevamos dentro. Y dentro tenemos un museo de certezas. Algunas las elegimos. La mayoría nos las dieron. Nos mantienen a salvo, es cierto, pero también nos paralizan. Lo difícil no es abrir la mente, sino vaciarla un poco. Nos aferramos a lo conocido, aunque nos duela, por miedo a la libertad que trae la incertidumbre. Preferimos la seguridad de las cerraduras a la inmensidad de un campo abierto. Por eso la valentía no está en aprender, sino en desaprender. En soltar esas seguridades que nos dan una identidad cómoda, pero falsa. Cada certeza que soltamos es un acto de libertad. Hasta que un día el museo queda vacío. Y en ese silencio, por fin, estamos libres.
domingo, 9 de noviembre de 2025
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
LO QUE SE QUEDA
Uno aprende, con el tiempo, que algunas cosas se quedan. Una canción. Una persona. Una playa. Un día cualquiera. Una noche. Una tarde q...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Te pasás la vida soñando. Con la casa, con el auto, con ese rincón de paz donde todo esté en su lugar. Juntás plata, pedís créditos, fi...
-
Uno arranca por cualquier lado. No hay otra forma. Nadie sabe dónde queda el principio. Así que agarramos lo primero que viene, un día...
No hay comentarios:
Publicar un comentario