El blanco es para los que aún creen en la pureza. Es una luz que enceguece y, al final, siempre revela la mancha. La inocencia es eso: una finísima tela blanca esperando la primera mancha. Los hombres que confiaron en eso, yacen en el recuerdo, demasiado ciegos para ver la herida que se acercaba. Yo visto de negro. No para esconder la mancha, sino para integrarla. El negro no es la ausencia. Es la presencia de todo lo que el blanco no puede soportar. La esposa viste de blanco el día de la boda. La viuda aprende, con los años, que la fidelidad verdadera es al negro: el color que no miente sobre el desgaste y la pérdida. Vestirse de negro es la elección final. Es mirar de frente a la verdad y encontrar en su oscuridad una elegancia austera. Es saber que nada que valga la pena permanece intacto. Y que la muerte, al final, no es más que el negro aceptando su triunfo sobre la frágil ilusión del blanco.
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martes, 21 de octubre de 2025
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