Hay días en que la única solución es un borrón y cuenta nueva. No se anuncia. Simplemente sucede. Empezar de cero. Sin alharacas. Sin equipaje. Es un gesto mínimo. Como soltar un peso que no sabías que cargabas. Se quedan atrás los días. Los gestos viejos. Las cicatrices. No es olvido. Es libertad. Y, de pronto, hay espacio. El mundo recupera una claridad olvidada. La vida se vuelve más directa. Es un segundo de pureza. Un reseteo. Y en el silencio subsiguiente, sólo se mantiene firme una orden: vivir.