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martes, 3 de febrero de 2026

PESOS INVISIBLES

     Existen dos modos de sentir. El primero es una respuesta. Algo externo te roza y vos reaccionás. Es sincero, pero ahí termina. El segundo no es una respuesta. Es un impulso, algo interno. Sin que nada lo provoque, decide emerger. Tu cuerpo, tu tiempo o tu comida inician un pequeño viaje: de tu mano a la mano de quien carece de ello. Lo primero honra al sentimiento. Lo segundo corrige al mundo. Una corrección mínima, casi imperceptible. Como cuando, ante una balanza desequilibrada, alguien retira un gramo de donde sobra y lo coloca donde falta. No se arregla todo. Sólo se alivia levemente el desbalance. Quien actúa así no es un héroe. Es un ajustador de pesos invisibles. Luego continúa, con un gramo menos en el bolsillo. Quizá camine más liviano, o tal vez más pesado: no se sabe. Lo único cierto es que el suelo que pisa ya no es el mismo. Es el suelo de un mundo que, por un instante, fue menos desigual. He ahí la diferencia. No es cuestión de sensibilidad. Es cuestión de arquitectura. Unos decoran la casa con sentimientos. Otros, en silencio, enderezan una pared.




EL FANTASMA INTERIOR

      La vida se ha vuelto un producto. Se mide por lo que se muestra, no por lo que se siente. Las personas actúan para ser vistas. Acomoda...