Pensamos la vida como un camino hacia adelante. No lo es. Somos un territorio. En un mismo momento, podemos ser el adulto que resuelve y el niño que necesita. No es una falla. Es la condición humana. Ese miedo a la soledad nos empuja hacia la multitud. Intercambiamos la posibilidad de ser por la seguridad del rebaño. Los que repiten consignas no son débiles. Están cansados y aceptaron el refugio que les ofrecieron. Amar no es anularse. Es encontrar a otro y, frente a él, no abdicar. Dos integridades que se eligen, no se fusionan. Madurar no es acumular certezas. Es aprender a vivir en la pregunta. Es preferir el aire limpio de la duda al aire viciado de las respuestas falsas. Por eso, estando solos, a veces sentimos ese hueco al costado del pecho. No es un vacío. Es el espacio que queda cuando dejamos de llenarnos con lo que no nos pertenece. Y en ese hueco, por primera vez, cabemos nosotros. Eso es todo.
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domingo, 23 de noviembre de 2025
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