La vida actual nos obliga a hablar, a sumar nuestra voz al ruido general. Nos exige que nos pronunciemos y que nos mostremos. De este modo, nuestro interior se va llenando de voces ajenas hasta que ya no queda espacio para el pensamiento propio. Sin embargo, lo verdaderamente importante no es lo que se dice, sino la capacidad de callar. El silencio también es tiempo; es permitir que el mundo se muestre libre de palabras. Lo esencial nace en la pausa, en aquello que se opone al ruido. En una flor, en una luz, en una sonrisa, en una arruga: allí reside el significado. Los gestos, los acontecimientos y las circunstancias siempre tienen algo que decir. La palabra refleja el sentido de las cosas y los sucesos, pero sólo si antes hemos guardado silencio para escucharlo.
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jueves, 29 de enero de 2026
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