Lluvia. De chico, la esperaba. Eran días para desenterrar tesoros olvidados. El cielo se hacía pesado, oscuro. Después, empezaba. La lluvia. Y los juegos desempolvados. Luego, la vida. Un ruido. La lluvia pasaba. Yo también pasaba. Rozar las cosas, apenas. Nada más. Así se vive. O así se ama, dicen. No lo sé. Hoy, gotas en el vidrio. Me detuve. Las observé. Un clic. Y todo, de nuevo. Simple. Una memoria intacta, que cae, que cae. Lluvia. Eso creo.
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martes, 28 de octubre de 2025
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