A veces, la distancia no es una medida. Es lo que se construye con lo que no se dice. Se tiene, adentro, la frase exacta. La que refleja el sentimiento perfecto. Pero las palabras que llegan son siempre otras. Más chicas. Más grandes. Ajenas. Entonces se habla de cualquier cosa. Y la frase verdadera permanece adentro, intacta. El deseo de que otro se quede puede volverse, en el aire, una pregunta inmensa. La duda no es sobre el sentimiento, sino sobre su derecho a existir. Mientras, el instante pasa. Hay una tensión terrible en querer mostrar el paisaje completo y terminar señalando, con torpeza, un detalle sin importancia. Llega el momento de abrochar el abrigo. Cada botón es una afirmación. La frase "esta vez quedate" es una piedra en la boca. No es un adiós por maldad. Es un adiós porque, a veces, el silencio es la única respuesta.
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viernes, 31 de octubre de 2025
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