Hay un momento en que uno descubre que hace tiempo hace las mismas cosas. No porque estén mal. Sino porque ya no piensa al hacerlas. La vida se ha vuelto una costumbre del cuerpo. Al principio es cómodo. Pero con los años, pesa. Un día uno descubre que podía respirar mejor. La mayoría no lo nota. Siguen con su mochila de piedras. Van a los mismos lugares, ven a la misma gente, dicen las mismas palabras. No está mal. Pero algo de ellos empieza a vivir en los bordes. Se corren para dejar lugar a otro que nunca llega. Ocupan menos espacio del que les tocaba. El que se anima, un día hace algo distinto. Algo chico. Nada demasiado grande. Sólo cambia la dirección de los pies. Y pasa algo. No la felicidad. Algo más simple: las cosas pesan menos. Los días dejan de ser repetición y vuelven a ser lo que eran: un lugar donde todavía puede pasar cualquier cosa. El que no se anima, queda atrapado. Atrapado en el medio de su vida, sin habitarla del todo. Como quien mira su casa desde afuera, sabiendo que adentro hay alguien esperando. Ese alguien es él.
domingo, 22 de febrero de 2026
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
LA MANO IZQUIERDA
El gris de la lluvia entró hace semanas. Los edificios tienen el color del cansancio. La gente camina apurada, pero sin rumbo: es el g...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Un hombre cruza la calle. Lleva las manos en los bolsillos y camina como si ya supiera adónde va. En la esquina, una mujer espera el c...
-
Era una noche de diciembre, cálida. Sobre la mesa, un mantel blanco. Una botella vacía. La luz entraba desde la calle. Sonó el timbre. ...
No hay comentarios:
Publicar un comentario