jueves, 12 de febrero de 2026

VOLVER AL COMIENZO

     Uno arranca por cualquier lado. No hay otra forma. Nadie sabe dónde queda el principio. Así que agarramos lo primero que viene, un día cualquiera, una hora cualquiera, y decimos: acá empiezo. Pero eso no es el principio. Eso es apenas el lugar donde uno se para para empezar a contar. Y el problema es que uno se olvida de todo lo que ya estaba antes, esperando. La vida funciona así: primero pasa lo que tiene que pasar, después uno vive un montón de cosas, y mucho más tarde, cuando ya no sirve para nada, se da vuelta y ve lo que pasó al principio. Recién ahí lo entiende. Como si el sentido viajara para atrás. Hay objetos que guardamos sin saber por qué. Una foto, un cenicero, algo que alguien dejó una vez sobre la mesa. Durante años no son nada. Después, un día, son todo. El comienzo estaba ahí, esperando que creciéramos lo suficiente para entenderlo. Eso es volver. No es que uno regresa. Es que el comienzo te alcanza. Uno cree que las historias se escriben hacia adelante. Pero no. Se escriben hacia atrás, con lo que vas entendiendo. No es que el pasado cambie. Es que vos, al fin, estás a la altura. El error es creer que el comienzo es algo que dejamos atrás. No. El comienzo es algo que llevamos encima, como una vestimenta que no podemos sacarnos. Por más que nos alejemos, por más que inventemos otros principios, otras ciudades, otros amores, el verdadero comienzo está ahí, en algún bolsillo, esperando el día en que metamos la mano y lo encontremos. Ese día es un martes cualquiera. Y de repente: ahí está. Todo lo que no habías visto. Todo lo que siempre estuvo. Y entendés que no llegaste tarde. Que el comienzo te esperaba. No hay final tampoco. Eso es lo que nadie entiende. Uno cree que las historias terminan. Pero las historias no terminan: se acomodan. Se ordenan. Encuentran su forma justo cuando vos dejás de pelear con ellas. Volver al comienzo es eso: descubrir que la vida no era un lugar al que había que llegar. Era un lugar del que nunca te fuiste. Y entonces, por fin, podés sentarte en una silla, mirar por la ventana y dejar que el tiempo pase. Sin esperar nada. Porque ya viste todo.




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