Quizás sea hora de abrazar ese cansancio que a veces nos invade, ese que duele en el cuerpo y pesa en el alma. Escuchemos, por fin, los silenciosos lamentos del hastío y cansémonos con fervor. Cansarnos de buscar beneficios inmediatos y de vivir desconectados de nuestras pasiones. Cansarnos de ver cómo los años se escurren en el frenético vaivén del mundo. Sólo lo que parece inútil, lo que hacemos sin pretensiones de rédito, puede ofrecernos la libertad para reencontrarnos con lo esencial: el verdadero sentido de nuestro ser. Defendamos lo que muchos consideran estéril, como escribir sobre ese cansancio, sólo para evitar que se desaproveche. Escribir para nadie, sin objetivos, sólo para no desperdiciar ese agotamiento, sintiendo que no hay mensaje que transmitir, sólo el eco de una reflexión que busca ser escuchada.
sábado, 23 de noviembre de 2024
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