La felicidad se enciende y se apaga. Una idea que se deshace. Cada uno le da una forma. Con las manos. Con los colores que tiene. Pero siempre se escapa. Parece que prefiere esconderse. Que no quiere ser atrapada. Y uno sigue ahí. Buscando. Con la certeza de que no está donde la dejó. Hasta que un día dejás de buscarla. Y te das cuenta. Lo importante no era encontrarla, sino el simple acto de ir en su búsqueda.
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