El amor se construye con restos. Fragmentos de lo vivido, desgajados del tiempo. Cada relación es un territorio nuevo, un paisaje cuyas leyes se inventan al andar. Lo esencial no se pronuncia: acontece. Una palabra dicha. El vapor de una taza servida. Un beso que sella el día. La penumbra que cae. El peso de lo que nunca fue, y sin embargo se siente. Así se construye: también con el vacío. Dar lo que no se tiene a quien está igualmente vacío. No es un destino. Es el camino mismo. El pasado no se arrastra: se convierte en brújula, en el peso familiar sobre los hombros. Se avanza, paso a paso, hacia un futuro incierto, con la terquedad delicada de quien cree, cada vez, que este camino será el último. Y sin embargo, siempre, se vuelve a comenzar. Siempre.
martes, 19 de noviembre de 2024
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