Con el paso del tiempo, mis ansias de detener el mundo y aprehender el instante se acrecientan con cada respiro. Es un deseo que crece suavemente, como la luz del amanecer. Anhelo, en la fugacidad del ahora que es siempre, capturar la esencia de cada momento, mantenerlo a salvo en el rincón más preciado de mi memoria. Quiero saborear cada segundo, como se disfruta de un buen vino, sin prisa, con los sentidos despiertos, consciente de la magia que encierra. Porque sé que así, aunque el próximo segundo intente devorar la brevísima porción del presente, su belleza perdurará flotando eternamente en el océano del pasado, como un tesoro escondido esperando ser redescubierto.
miércoles, 20 de noviembre de 2024
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