La vida es como un río que no cesa de fluir. No se detiene ni retrocede. Simplemente avanza, hacia su destino. Nuestra existencia también es un vaivén incesante entre obstáculos y mareas cambiantes. No hay vuelta atrás, ni segundas oportunidades. En este curso incesante hay momentos calmos y procelosos, pero el río siempre se mueve, incluso en la tranquilidad. Su avance es continuo, siempre hacia la desembocadura. También nosotros nos perderemos en el mar de nuestro destino. No hace falta llegar a ese instante para comprender que todo es un simple recorrido, un trayecto más o menos extenso que no se puede repetir, pero que nos ha llevado a donde estamos ahora.
lunes, 27 de enero de 2025
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