A veces pienso que la vida se compone de momentos que se van apilando uno tras otro, como bloques que forman una pirámide que se eleva. Las obligaciones, las relaciones y las expectativas generan una presión constante que amenaza con aplastarme. En ocasiones, me siento como un árbol en medio de una tormenta, con mis ramas cediendo ante la fuerza del viento y la lluvia. La soledad se convierte en un abismo, mientras la multitud se transforma en un océano que me envuelve, dejándome sin aire. Sin embargo, al buscar el equilibrio, encuentro un refugio, una isla en medio del caos, en el calor de aquellos que iluminan mi camino y hacen que me sienta en casa. Allí puedo cerrar los ojos y escuchar el silencio, reconectándome con mi esencia. Es un espacio sagrado donde puedo ser yo mismo, lejos de las presiones externas. En la simplicidad de ese hogar, discreto pero luminoso, descubro la belleza de ser quien realmente soy.
jueves, 30 de enero de 2025
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
NO HAY HAZAÑA EN EL DESAYUNO
Uno mira el cielo y se convence de que ahí, arriba, está su nombre. Quiere ser explorador de lo infinito, arquitecto de estrellas, fun...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Un hombre cruza la calle. Lleva las manos en los bolsillos y camina como si ya supiera adónde va. En la esquina, una mujer espera el c...
-
Era una noche de diciembre, cálida. Sobre la mesa, un mantel blanco. Una botella vacía. La luz entraba desde la calle. Sonó el timbre. ...
No hay comentarios:
Publicar un comentario