Existió un tiempo en que el mundo se colaba en mis horas, desordenándolas y desgarrando mis silencios. Las emociones no eran sólo algo que observaba desde lejos; me envolvían, me sacudían, me dejaban sin aliento. Aprendí, tras caer reiteradamente, que no todas las batallas valen la pena y que no todas las preguntas necesitan respuesta. La serenidad no es un regalo, sino una conquista, un espacio que defiendo con la fuerza de quien ha perdido demasiado. Hoy confío mis proyectos y miedos a unos pocos, no por desconfianza, sino por sabiduría. No todo merece ocupar el espacio que he trabajado tanto en limpiar y reconstruir. Hay algo sagrado en lo que hemos salvado de nosotros mismos, y eso no se entrega a cualquiera. No es egoísmo, sino respeto por lo que hemos sido y por lo que hemos decidido ser.
miércoles, 12 de febrero de 2025
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
LO QUE SE QUEDA
Uno aprende, con el tiempo, que algunas cosas se quedan. Una canción. Una persona. Una playa. Un día cualquiera. Una noche. Una tarde q...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Te pasás la vida soñando. Con la casa, con el auto, con ese rincón de paz donde todo esté en su lugar. Juntás plata, pedís créditos, fi...
-
Uno arranca por cualquier lado. No hay otra forma. Nadie sabe dónde queda el principio. Así que agarramos lo primero que viene, un día...
No hay comentarios:
Publicar un comentario