Hace no mucho tiempo imaginaba la vida como un libro cuyas páginas se escribían solas, lo que me hacía sentir que poco podía hacer para influir en mi historia. Sin embargo, hay algo en el relato de mi vida que no termino de entender: cómo es que, mientras sigo aquí, quieto y con la misma curiosidad de siempre, mi cuerpo ha decidido escribir su propio capítulo. Mi cabello se ha poblado de canas que no reconozco, como si el tiempo hubiera tomado la iniciativa de ser parte de esta historia sin pedirme permiso. Además, mi rostro se ha llenado de gestos que no son los míos, de expresiones que parecen surgir de un guion ajeno. A veces pienso que esta cara, que llevo como una máscara, vive su propia vida, cuenta sus propias historias e inventa relatos que nada tienen que ver conmigo. Y yo, en el fondo, no le reprocho nada. Sólo me pregunto cuándo fue el momento exacto en el que el autor de este libro decidió separarnos, y si alguna vez volveremos a encontrarnos en sus páginas.
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LA FORMA DE LA RESPUESTA
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