Hay dolores que no sangran. Pesan, sí, pero como el aire espeso de una habitación que permaneció cerrada durante demasiado tiempo. Son las huellas de batallas que nunca ocurrieron, los duelos declinados con un gesto leve, las espadas que nunca se cruzaron. No es huir. Es elegir otro campo, otro silencio. Hay una belleza extraña en lo que no sucedió: como una partitura sin notas, un cuadro pintado sólo con agua. Duele, claro. Pero duele de otra manera: como el vacío que deja lo que pudo ser y no fue. Nadie ve esas heridas. Nadie las nombra. Sólo hay ausencias. Y sin embargo, llevan consigo toda la elegancia de lo que se resistió a existir.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
NO HAY HAZAÑA EN EL DESAYUNO
Uno mira el cielo y se convence de que ahí, arriba, está su nombre. Quiere ser explorador de lo infinito, arquitecto de estrellas, fun...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Un hombre cruza la calle. Lleva las manos en los bolsillos y camina como si ya supiera adónde va. En la esquina, una mujer espera el c...
-
Era una noche de diciembre, cálida. Sobre la mesa, un mantel blanco. Una botella vacía. La luz entraba desde la calle. Sonó el timbre. ...
No hay comentarios:
Publicar un comentario