El país se pintaba de dos colores que se negaban a mezclar. Ella llevaba un pañuelo verde que le mordía el pelo. Él vestía el blanco inmaculado de su camisa. Un mismo himno, pero en claves distintas. La plaza estaba llena de pancartas. Octubre olía a café quemado. Ella repartía volantes con consignas de justicia. Él discutía el peso de la herencia en voz alta. Sus miradas chocaron frente al quiosco de diarios. Un instante de cristal roto. El tiempo se rajó. Los vio desnudos de colores. Un altavoz cercano rugió consignas. Él se abrochó la chaqueta con el bordado "Libertad". Ella se ajustó el chal como armadura. Caminaron en círculos alrededor del mismo monumento. Órbitas paralelas. Ahora, al caer la noche, algunos juran ver dos siluetas junto al Obelisco. Fantasmas que intentan descifrar cómo, bajo tantos colores opuestos, no hubo espacio para un solo abrazo. El amor que pudo nacer yace bajo la misma tierra que juraron salvar. Enterrado vivo.
lunes, 19 de mayo de 2025
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