Hay un instante en que la risa se quiebra y, sin aviso, deja al descubierto el borde de una lágrima. Así funciona esto: no hay alegría que no lleve escrita, en su reverso, la sombra de su pérdida. El amor, cuando más alto sube, más claro muestra el abismo que lo rodea. También el odio a veces se detiene, exhausto, y descubre que bajo su piel late algo que aún reconoce. La memoria es un mecanismo infiel: guarda lo que quiere, deforma lo que toca. El olvido es el cómplice silencioso que nos permite seguir vivos. Sin él, el peso del pasado nos rompería. Con él, caminamos ligeros, aunque a veces demasiado vacíos. Vivimos en ese equilibrio frágil, en la delgada línea donde todo se toca y se contradice. No hay pureza, sólo mezcla. No hay eternidad, sólo instantes. Y quizás ahí, justo ahí, en esa zona incierta donde lo opuesto se funde, esté la única verdad que vale la pena habitar. Abrazar la dualidad no es rendirse. Es entender, por fin, que la vida no elige: es todo a la vez. Y eso, aunque duela, es hermoso.
sábado, 9 de agosto de 2025
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
ENTRAR
Todas las tardes, un hombre se detenía ante la misma puerta. La puerta de su casa. Metía la llave, giraba, empujaba. Adentro, todo esta...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Llegará un día en que, al abrir los ojos, el futuro ya no será aquel paisaje generoso donde se guardaban todos los comienzos. Seguirá a...
-
Era una noche de diciembre, cálida. Sobre la mesa, un mantel blanco. Una botella vacía. La luz entraba desde la calle. Sonó el timbre. ...
No hay comentarios:
Publicar un comentario