Llega un día. Un día cualquiera. Y de pronto, la mirada se te clava en un rostro envejecido. No es el primero que ves, pero es el primero que leés. Y entendés. La ternura que sólo te provocaban los niños se desvía. Sin pedir permiso. Ya no mirás a ese hombre, a esa mujer. Te mirás a vos. En un espejo del tiempo. Esas arrugas, esas ojeras, esa paz fatigada. No son suyas. Son tuyas. Sólo que aún no han llegado. Y en ese instante de pura y silenciosa claridad, la infancia se acaba. No con un estruendo, sino con un parpadeo.
miércoles, 17 de septiembre de 2025
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
LO QUE SE QUEDA
Uno aprende, con el tiempo, que algunas cosas se quedan. Una canción. Una persona. Una playa. Un día cualquiera. Una noche. Una tarde q...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Te pasás la vida soñando. Con la casa, con el auto, con ese rincón de paz donde todo esté en su lugar. Juntás plata, pedís créditos, fi...
-
Uno arranca por cualquier lado. No hay otra forma. Nadie sabe dónde queda el principio. Así que agarramos lo primero que viene, un día...
No hay comentarios:
Publicar un comentario