Existen dos territorios. Uno de sal, otro de sombra. El primero duele al tacto, el segundo se esfuma si lo mirás fijo. ¿En cuál estás? A veces, en la mañana, las manos parecen de un extraño. Los gestos son prestados, las palabras, un libreto que otros escribieron. Se ansía un lugar propio, un centro quieto donde ser, por fin, legítimo. Dejar de ser el ancla de la propia ascensión. Pero la autenticidad es una promesa. Siempre está más adelante. La verdad no es lo que sostenés, sino lo que intentás alcanzar. Es el nombre de un futuro que se aleja con cada paso que das. Es el imán que atrae tu brújula, nunca el norte que pisás. Por eso la vida es ese viaje. No una cruz en el mapa, sino el lento aprender a leer las estrellas con una fe tranquila. No se encuentra el yo. Se lo teje, noche a día, con los hilos tenues de lo soñado y los cables ásperos de lo vivido. El final es una rendición magnífica: darse cuenta de que la verdad no era la meta, sino el camino. Y que uno, al fin, es ese camino. Nada más. Nada menos.
viernes, 5 de septiembre de 2025
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