Lo pensé hoy: el acuerdo es un mueble pesado. Ese que colocás en el centro de la habitación y ya nada puede moverse. Todo queda en su sitio. Congelado. La palabra que sirve es la que desordena. Un pero. Un acaso. Una duda. No un grito. Un gesto mínimo que desplaza todo el equilibrio. Un buen texto no es un espejo. Es una ventana que da a un patio. No muestra lo que sos. Muestra lo desconocido. Un lugar por donde escapar. Su final no es un aplauso. Es el sonido seco de la ventana al abrirse. El vacío del marco. La certeza del salto.
jueves, 6 de noviembre de 2025
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