El miedo coloca un ladrillo. Luego otro. Su trabajo es simple: levantar un muro. Separa. Protege. Es una respuesta. La confianza pasa un hilo. Luego otro. Su función es otra: tejer. Une. Arriesga. Es una pregunta. No es lo mismo. Un puño que se cierra guarda lo que posee. Una mano abierta espera lo que no conoce. Entre ambas, el espacio vacío. Se puede elevar el muro. O se puede lanzar un hilo, frágil, de una orilla a la otra. No se trata de construir un puente. Se trata de enviar una señal. Si del otro lado alguien recoge ese hilo, no es necesario tirar. Basta con sentir la tensión leve que dice: "estoy acá". Y así, sin mover nada, todo se transforma. El vacío permanece. Pero ahora tiene dos extremos. Y algo tenso que lo atraviesa. Eso basta.
miércoles, 5 de noviembre de 2025
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