El amor no se recibe. Se hace. Descubrí que la felicidad está hecha de lo mismo con lo que sentimos el mundo. No es un lugar. Es el instante en que una sensación nos atraviesa. Vi riqueza, aplausos, belleza. Y tristeza en los ojos. Conocí enfermos que reían con una fuerza que llenaba el aire. La clave no era lo que tenían, sino cómo sentían. La felicidad era sentir con intensidad. Entregarse. Se puede llamar pasión, atención, voluntad. Yo le digo amor. No el amor por alguien: el amor como postura. Como estar despierto. Amar no es desear. El deseo agarra, quiere poseer. El amor sólo mira. Sostiene la mirada. Es lealtad a lo que nos conmueve. Por eso era feliz el pensador en su cuarto, con el universo en una idea. No amaba una cosa: amaba comprender. Yo no soy un pensador. Aprendí esto: no se vive en lo que se acumula. Se vive en cómo se mira.
domingo, 8 de febrero de 2026
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