La vida, a veces, se detiene. Uno mira. Y comprende que todo ha cambiado. ¿Cuándo? No se sabe. Se piensa en esas renuncias mínimas, cotidianas, casi invisibles. Los sí que terminaron siendo no, los no que se convirtieron en sí, sin que nadie avisara. O tal vez fueron las grandes decisiones, tomadas con una tranquilidad que, en su momento, pareció lo más natural. Se rebobina la memoria. No se encuentra el instante exacto. Sólo una sucesión de días que, mirados desde el ahora, han ido marcando otro rumbo. Entonces se deja de buscar. La pregunta pierde sentido. Lo importante no es cuándo se torció el camino, sino que ahora uno camina en otra dirección. Todo cambió. Ésa es la verdad: la vida cambia. Y uno, a veces, sólo se da cuenta después. En ese caso, no queda más que asentir para uno mismo. Y, obviamente, seguir caminando.
domingo, 8 de febrero de 2026
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