Los amigos de siempre son como esos abrigos que nos acompañan durante muchos inviernos; se ajustan a nuestra piel y nos envuelven en una calidez familiar. Con ellos, la vida se siente más abrasadora y ligera, como si el tiempo se hubiera detenido en un instante de complicidad. Esos lazos, entretejidos en un tapiz de memorias compartidas y silencios acariciantes, nos ofrecen un refugio en el que la autenticidad se despliega sin reservas. En su compañía, la esencia de la unión se transforma en un suave abrazo, donde el frío no duele tanto y lo cotidiano se torna maravilloso.
martes, 7 de enero de 2025
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