El destino nunca se marcha con las manos vacías. Es paciente, como un jugador de naipes que conoce el final de la partida antes de repartir las cartas. No tiene prisa, pero tampoco olvida. Se instala en los rincones de la vida, observando, esperando, hasta que llega el momento preciso en que extiende su mano y toma lo que siempre supo que era suyo. No es cruel, ni justo. Simplemente es. Y cuando se va, lo hace sin ruido, dejando tras de sí un rastro de cosas que ya no están, pero que, de alguna manera, siempre estuvieron destinadas a desaparecer. Así nos dice, sin palabras, que en esta partida sólo podemos elegir la mesa, pero nunca las cartas que nos tocan.
domingo, 16 de febrero de 2025
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
LO QUE SE QUEDA
Uno aprende, con el tiempo, que algunas cosas se quedan. Una canción. Una persona. Una playa. Un día cualquiera. Una noche. Una tarde q...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Te pasás la vida soñando. Con la casa, con el auto, con ese rincón de paz donde todo esté en su lugar. Juntás plata, pedís créditos, fi...
-
Uno arranca por cualquier lado. No hay otra forma. Nadie sabe dónde queda el principio. Así que agarramos lo primero que viene, un día...

No hay comentarios:
Publicar un comentario