Y así, sin apuro, te diste cuenta de que el mundo no esperaba nada de vos. No había gestos grandiosos que hacer, ni batallas que librar, ni destinos que cumplir. La vida no es un escenario donde interpretar actos heroicos, sino una habitación apenas iluminada, donde las personas se mueven lentamente, ocupadas en tareas pequeñas y necesarias. Comen, toman mate, hablan sin urgencia. Algunos leen, otros arreglan algo roto, otros simplemente escuchan una canción de fondo, como si fuese lo natural del tiempo pasando. Y si alguien, en medio de todo eso, levanta la vista y sueña con algo más, con algo que brilla, con algo que mereciera ser recordado, ese alguien es simplemente un loco. Un loco que no entiende que la grandeza no es más que una ilusión, y que la verdadera sabiduría está en aceptar la calma, en sentarse y sonreír ante lo que ya se tiene.
domingo, 2 de marzo de 2025
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