La ira, cuando persiste, se convierte en una carga pesada, un lastre que nos impide avanzar. El perdón no significa olvidar -eso sería evadir-, sino que es una decisión consciente de soltar. No se trata de justificar lo injustificable, sino de liberarnos del peso que nos ata al pasado. Perdonar es un acto de valentía: elegir no permitir que el rencor defina quiénes somos. Al soltar la ira, no nos reconciliamos con quien nos lastimó, sino que nos regalamos libertad. Es un paso hacia un presente más liviano, donde la luz entra con mayor facilidad.
lunes, 17 de marzo de 2025
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
LO QUE SE QUEDA
Uno aprende, con el tiempo, que algunas cosas se quedan. Una canción. Una persona. Una playa. Un día cualquiera. Una noche. Una tarde q...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Te pasás la vida soñando. Con la casa, con el auto, con ese rincón de paz donde todo esté en su lugar. Juntás plata, pedís créditos, fi...
-
Uno arranca por cualquier lado. No hay otra forma. Nadie sabe dónde queda el principio. Así que agarramos lo primero que viene, un día...
No hay comentarios:
Publicar un comentario