Algunos días, simplemente, se niegan a avanzar. Se detienen en mitad de la mañana como un reloj al que le falta voluntad. No hay prisa, no hay drama, sólo la geometría exacta de quien prefiere medir el tiempo en lugar de obedecerlo. La distancia entre dos personas no es casual. Es un diseño. Un silencio que no nace del vacío, sino de un cálculo preciso: hablar sería despertar algo que todos acordaron dejar dormido. Las rutinas son blindajes. La misma gripe leve, el mismo gesto repetido hasta volverse transparente. No es derrota: es táctica. ¿Para qué inventar otro mundo si este, aunque cansado, sigue en pie? Quedarse no es quietud. Es elegir el peso conocido antes que el riesgo de lo que podría ser. Lo peligroso no es caer, sino creer que huir siempre salva. A veces, la única honestidad es no fingir que hay salvación en otra parte. Algunos días, simplemente, se niegan a avanzar.
lunes, 14 de abril de 2025
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QUEDARSE QUIETO
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