martes, 27 de mayo de 2025

ENCONTRAR EL RÍO

     Hay un río. No se detiene. No es un lugar, es una manera de avanzar. La certeza es el faro: se mira, no se habita. El tiempo abre su flor solo, sin apuro. La farsa triunfa, pero uno no se viste con sus trajes. Lo odian sin causa, y la corriente no cambia. Uno existe sin agregados. Sueña, pero no construye jaulas. El éxito no lo doblega; la derrota no le aprieta los labios: ambos son vientos que giran y se van. Los cobardes convierten las verdades en armas, pero uno las dice sin filo. Recoge lo roto, lo une, sin preguntar. Juega sin garantías, pierde, y vuelve a jugar. Guarda las caídas como monedas. No agrega palabras donde el silencio alcanza. Se mantiene liviano mientras el mundo se desangra en gestos huecos. No es valentía: es el corazón que insiste, aunque nadie escuche sus latidos. Esa es la corriente. Ese es el oficio de no necesitar orilla. Cuando la tormenta se apaga, uno no busca la calma, porque nunca se instaló en el viento. Está en el agua, sin nombrarla. Eso, que no se dice, es lo único que perdura.




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