Calles vacías. Luces apagadas. El cielo, inmóvil. Siempre es igual. Fortunas rotas. Nombres nuevos olvidados. Podrías jurar que esta vez será distinto. Pero no. Es el mismo viejo S.O.S. Sólo hay un antídoto. O dos. Una mano en la oscuridad. Una sílaba, o dos, apenas un sonido. Y de pronto, todo encaja. Sin eso, el mundo no es más que un hueso roto que nunca termina de sanar. Con eso, por un segundo, el S.O.S. se calla. Hasta que la vida, como siempre, vuelve a golpear.
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