Los artistas son melancólicos porque no saben obedecer. No tienen esa costumbre. Sienten. Los demás viven dentro de los límites de la razón, como casas con puertas y ventanas. Ellos están afuera, donde la tierra nunca termina de solidificarse bajo sus pies y el horizonte no firma contratos. No es que sufran más. Es que lo hacen sin instrucciones. Sin red. Incluso encontrando el goce en la tristeza. A veces, el mundo los derriba y quedan ahí, en esa quietud amarga que alimenta el arte tanto como la inspiración. Otras veces, un viento cruzado los eleva, los suspende en el aire el tiempo justo para que piensen: esto lo explica todo. La melancolía no se va. Es el tributo por no tener amo. No hay remedio. Sólo el oficio, ese gesto tercamente repetido, como palpar las paredes de un túnel que promete, en algún momento, dejar pasar la luz.
lunes, 9 de junio de 2025
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
LO QUE SE QUEDA
Uno aprende, con el tiempo, que algunas cosas se quedan. Una canción. Una persona. Una playa. Un día cualquiera. Una noche. Una tarde q...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Te pasás la vida soñando. Con la casa, con el auto, con ese rincón de paz donde todo esté en su lugar. Juntás plata, pedís créditos, fi...
-
Uno arranca por cualquier lado. No hay otra forma. Nadie sabe dónde queda el principio. Así que agarramos lo primero que viene, un día...
No hay comentarios:
Publicar un comentario