La buena acción perfecta sería aquella que desaparece al cumplirse. Sin testigos. Sin registro. Pero existe otra. La que se ejerce desde arriba, con cálculo preciso. La que alimenta cuerpos y ahoga dignidades. Se extiende como un manto pesado que abriga, pero también inmoviliza. Hay quienes dan sólo para comprobar que pueden retirar la mano. El mendigo agradecido convalida su poder. El gesto no es solidaridad: es confirmación de jerarquía. La verdadera ayuda no construye deudores. No exige reverencias. Respeta, en silencio, la dignidad intacta del otro. No se anuncia, no se fotografía. No existe para llenar estadísticas de compasión ni para acumular likes en una pantalla. Por eso casi nadie la practica. No aparece en los diarios. No suma seguidores. Sólo existe, breve y pura, en ese instante en que una mano se abre... y luego ya no recuerda qué dio, ni a quién.
lunes, 9 de junio de 2025
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
LO QUE SE QUEDA
Uno aprende, con el tiempo, que algunas cosas se quedan. Una canción. Una persona. Una playa. Un día cualquiera. Una noche. Una tarde q...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Te pasás la vida soñando. Con la casa, con el auto, con ese rincón de paz donde todo esté en su lugar. Juntás plata, pedís créditos, fi...
-
Uno arranca por cualquier lado. No hay otra forma. Nadie sabe dónde queda el principio. Así que agarramos lo primero que viene, un día...
No hay comentarios:
Publicar un comentario