Vivimos dentro de relatos. Construcciones mínimas, frágiles, que levantamos cada mañana sin pensar. No son la verdad. Son lo que queda cuando la verdad se va. Pienso a veces: qué extraño oficio, este de existir. Coser el aire donde sangra el silencio. Inventar sentido clavando banderas en tierra de nadie. Seguir caminando aunque el camino no exista. Y sin embargo... Aquí estamos. Respirando. Bastando.
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NO HAY HAZAÑA EN EL DESAYUNO
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