Ya nadie escucha. Hablamos como quien revuelve un café frío, convencidos de que el gesto basta. Mientras el otro habla, tachamos sus frases, esperando la más mínima pausa para meter la nuestra. El silencio -ese cómplice de la comunicación- ahora es un bicho raro. Lo tapamos con apuros, con palabras fuertes que no son más que miedo disfrazado al vacío. Pero las palabras no necesitan fuerza. Necesitan verdad. En estos tiempos, hablar es costumbre. Escuchar, milagro.
miércoles, 16 de julio de 2025
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
LA MANO IZQUIERDA
El gris de la lluvia entró hace semanas. Los edificios tienen el color del cansancio. La gente camina apurada, pero sin rumbo: es el g...
-
Uno piensa una cosa, y dice otra. O promete algo, y no lo realiza. Es una ruptura. Un desgarro. Si se repite, cansa. La opción es simpl...
-
Un hombre cruza la calle. Lleva las manos en los bolsillos y camina como si ya supiera adónde va. En la esquina, una mujer espera el c...
-
Era una noche de diciembre, cálida. Sobre la mesa, un mantel blanco. Una botella vacía. La luz entraba desde la calle. Sonó el timbre. ...
No hay comentarios:
Publicar un comentario